Pierre Teilhard de Chardin abre nuevas puertas a la mística universal

Pierre Teilhard de Chardin abre nuevas puertas a la mística universal

Centenario de « El medio místico » (1917) uno de los escritos más hondos escrito en las trincheras de la guerra mundial

El pensamiento expresado por Pierre Teilhard de Chardin en « El Medio místico » fechado el 13 de agosto de 1917 se desenvuelve en una especie de dialéctica, cada uno de cuyos momentos no adquiere su significación y no puede ser juzgado más que desde el conjunto. Se describen sucesivamente una serie de «círculos», que poco a poco componen el «medio» habitado por el alma. Se ha comparado esta manera de composición con la de santa Teresa en su Castillo interior. Más todavía que en santa Teresa, hay que guardarse aquí de aislar, deteniéndose en ella, una de las capas que el análisis distingue en la experiencia de la que se trata de dar cuenta. Santa Teresa jalonaba un itinerario: aquí, es una misma experiencia de base la que se integra mediante la conjunción de cinco «círculos»: la Presencia, la Consistencia, la Energía, el Espíritu, la Persona. Por Leandro Sequeiros.

      En junio de 2017, con ocasión de la Feria del Libro de Madrid, se hizo la presentación de una nueva edición de algunos de los primeros escritos que conservamos procedentes de la mano de Pierre Teilhard de Chardin. Durante la primera Guerra Mundial los fue enviando en cuadernos sucesivos a su prima Margarita Teillard-Chambon con la que tuvo una densa correspondencia.         

     Los siete ensayos de Teilhard de Chardin incluidos en este volumen, al que hemos denominado La Vida Cósmica, Escritos del tiempo de la guerra (1916-1917) fueron escritos en el frente de batalla durante la primera guerra mundial entre 1916 y 1917. Forman parte del grupo de 20 ensayos escritos entre 1916 y 1919 publicados en francés en Écrits du temps de la guerre. En este momento se prepara por parte de la Editorial Trotta de la edición del segundo volumen al que se ha dado el nombre genérico de La Gran Mónada. Escritos del tiempo de la guerra (1918-1919). La editorial ha preferido separar en dos volúmenes diferentes estos ensayos por una razón: al incluir en nuestra edición las mutilaciones que sufrió la primera, el volumen resultaría excesivamente extenso y los nuevos lectores iban a encontrarse ante un texto demasiado largo.

El concepto de « medio » en Pierre Teilhard de Chardin

     En este ensayo de 1917, Teilhard habla de “el medio místico”. De acuerdo con el Nuevo Léxico de Teilhard de Chardin (Claude Cuénot, 1970, Editorial Taurus), es el primer nombre dado por Teilhard al Medio Divino,  tal vez con un matiz de elección personal expresado en el ensayo que comentamos: “El Medio místico, no constituye una zona ACABADA en la que los seres permanecen inmóviles, una vez que han tenido acceso a ella. Se trata de un Elemento complejo, hecho de criatura divinizada, en el que poco a poco, en el curso del tiempo, va reuniéndose el Extracto inmortal del Universo. No se llama precisamente Dios, sino su Reino. Y no existe sin más; deviene”.

     La palabra francesa milieu no tiene una correspondencia exacta con la palabra castellana medio.En francés posee un significado mucho mmás rico que en castellano, por lo que hay que tenerlo muy en cuenta para entender bien en qué sentido lo usa Teilhard.Según el Diccionario de la Real Academia Española de la Lengua (DRAE), la palabra medio tiene diversas acepciones. Del lat. medius. En la edición de 2014 del DRAE hay más de 50 acepciones de la palabra “medio”, lo que indica la ambivalencia de la misma. Las acepciones 15 a 18 están más relacionadas con el concepto teilhardiano.

Una primera aproximación a “El Medio místico” de 1917

      Por los datos del mismo Teilhard, el ensayo “El Medio místico” está fechado el 13 de agosto de 1917. Unas semanas antes, el 10 de junio de 1917, el padre Teilhard se encuentra en Paissy, en la retaguardia del célebre Chemin-des-Dames. Ya hace tiempo que viene soñando en con escrito espiritual, del que ha hablado a su prima Margarita Teilhard en unas cartas, hoy perdidas. Le escribe:

     « Sigo empeñado en perfeccionar y precisar las ideas y el plan que te expuse en mis cartas precedentes. Tiendo a poner más de relieve el realismo de que vive la mística, y también descomponer más netamente el movimiento alternativo que lleva al alma (y lo arroja sucesivamente), desde el Medio divino, homogéneo y esencial, a conocer, a amar y a acabar las determinaciones particulares de lo real ». (Carta de 10 de junio de 1917, Génesis de un pensamiento, pág. 233-234.)

     Dos meses más tarde, se encuentra en el Oise, en Beaulieu-les-Pontaines. Dispone de una habitación tranquila que le permite un trabajo regular. El 5 de agosto, « El Medio místico » se halla casi acabado:

     « La inspiración se hace más fácil, a medida que el trabajo avanza. Es posible que termine mi borrador para el día 15. Es descorazonador comprobar cómo se empobrecen y se reducen las ideas cuando tratamos de meterlas en un marco común: cada una de ellas se convierte en una piedrecilla diminuta y recortada, cuando podría constituir el núcleo de todo un edificio. Una proposición incidental, o un párrafo, para algo que necesitaría un estudio entero. Al fin, reduciré a 30 ó 40 páginas una cosa sobre la que podría estar hablando durante toda la vida » (pág. 238).

     El Medio místico tiene, de hecho, 43 páginas de gran formato. Fue acabado en Beaulieu-les-Fontaines el 13 de agosto de 1917, y remitido en seguida:

     « 14 de agosto.-Ayer envié El Medio místico a Guiguite, para que te lo trasmita, una vez que lo haya leído. Me hubiera gustado que fueses tú la primera, tanto más cuanto que serás tú quien mejor me comprenderá. Me ha parecido que tenía en cierto modo con Guiguite la deuda de comenzar por ella, sin contar con que, debiendo ser tú quien se ha de quedar con el manuscrito, era necesario que fueses la última en tenerle. Verás que no hay nada de nuevo en esas páginas. Son, sobre todo, una puesta a punto de cosas que tú muy bien conoces; y, en suma, te pido que me digas si resultarán comprensibles a quien no haya leído La Vida cósmica y La Multitud. Probablemente encontrarás que, también esta vez, lo he condensado mucho. ¡Si supieses lo difícil que me resulta desarrollar la corriente de conjunto de lo que escribo, sin hacer cortes! Ahora bien, la corriente de conjunto es lo que hay de más importante en estudios como estos » (pág. 239).

     Retengamos esta última advertencia. Es posible que no pueda aplicarse a ningún otro escrito del padre Teilhard mejor que a éste. El pensamiento expresado en « El Medio místico » se desenvuelve, en efecto, en una especie de dialéctica, cada uno de cuyos momentos no adquiere su significación y no puede ser juzgado más que desde el conjunto. Se describen sucesivamente una serie de «círculos», que poco a poco componen el «medio» habitado por el alma. Se ha comparado esta manera de composición con la de santa Teresa en su Castillo interior. Más todavía que en santa Teresa, hay que guardarse aquí de aislar, deteniéndose en ella, una de las capas que el análisis distingue en la experiencia de la que se trata de dar cuenta. Santa Teresa jalonaba un itinerario: aquí, es una misma experiencia de base la que se integra mediante la conjunción de cinco «círculos»: la Presencia, la Consistencia, la Energía, el Espíritu, la Persona.

Las ideas fuerza de « El Medio místico » de Pierre Teilhard de Chardin

     El texo del ensayo está presidido por una frase de los Hechos de los Apóstoles, pero citada de memoria, pues no es exactamente lo que dice el texto latino de la Vulgata. Dice Teilhard : «In eo vivimus, et movemur, et sumus.» . Sin embargo, el texto original es: “In ipso enim vivimus et movemus et sumus” (Hechos de los Apóstoles, 17, 28)

     El texto teilhardiano está estructurado en cinco partes y una conclusión final.

     I. El círculo de la Presencia
     II. El círculo de la Consistencia
     III. El círculo de la Energía
     IV. El círculo del Espíritu
     V. El círculo de la Persona

El resumen está en la conclusión

     ¿Qué es lo que pretende Teilhard de Chardin con este escrito? Tal vez lo que denomina “conclusión” resume nítidamente los objetivos, contenidos y propuestas de este ensayo. Para Teilhard, “Las experiencias que relata este estudio no son más que una Introducción a la Mística. Más allá del punto en que yo me detengo, el Ser en quien se ha personificado adecuadamente el Medio cósmico superior, revela, como le place, los atractivos de su Rostro y de su Corazón. Hay infinitos grados en esta iniciación amorosa de una persona a otra Persona insondable » .

     Reconoce que « No estoy en situación de poder describir estos estados sublimes. Sólo he intentado desenredar sus raíces naturales y cósmicas ».

     Pero se atreve a describir los cinco tramos del camino interior : « Es evidente que todos aquellos que son admitidos a la visión de Jesús no recorren por su orden las fases que yo he enumerado. Pero si analizan su pasión de lo Divino, advertirán que han franqueado los Círculos, y que su amor se encuentra en el centro. Reconocerán, particularmente, el papel del Objeto sensibilizador, que caldea por medio de la Caridad, y las vastas Realidades cósmicas, que dan a Dios su ser tangible y palpable aquí abajo. Amictus (mundo) sicut vestimento. Nadie será capaz de comprender, me parece, a los grandes místicos, ni a San Francisco, ni a la Bienaventurada Ángela, ni a los demás, si no ha comprendido profundamente que JESÚS DEBE SER AMADO COMO UN MUNDO ».

     Y concluye : « Por eso, desde el más humilde despertar del pensamiento místico, Dios aparece como el único que puede sostenerle y guiarle. A pesar de ciertas excitaciones pasajeras, que somos capaces de procuramos artificialmente, el gusto de vivir, fuente de toda pasión y de toda visión, incluso divinas, no nos pertenece. Somos incapaces de modificarnos desde esa profundidad inicial de nosotros mismos, donde brota lo que nos anima. No hacemos más que recibirnos. Es preciso que Dios nos dé la gracia de desearle. ¡Y aunque el alma se sienta arder por el cielo, sin embargo no es capaz todavía de advertir por sí misma lo que le falta! No verá a Dios más que si Dios la mira. Ahora bien, ni siquiera un hombre puede forzar a otro hombre a que vuelva hacia él sus ojos. ¡Y cuando, por fin, el alma logra discernir el Centro ardiente que la ha buscado a ella, se siente impotente para ascender por el rayo que se ha posado sobre ella, y arrojarse en la luz. Porque está escrito: «Nadie viene a mí si yo no le tomo y no le atraigo yo mismo hacia mí. »

I. EL CÍRCULO DE LA PRESENCIA

       No es fácil resumir en unas líneas el denso pensamiento de Teilhard. Nos remitimos a un capítulo del libro de Kathleen Duffy, ssj, PhD, profesor de físico de Chestnut Hill College (Filadelfia), Teilhard's Mysticism: Seeing the Inner Face of Evolution, publicado por Orbis Books en 2014. La extrema sensibilidad de Kathleen Duffy le permite analizar en profundidad el ensayo "Le Milieu mystique", escrito por Teilhard en 1917, y este capítulo se refiere a la primera parte del ensayo: el Círculo de Presencia. Fue transmitido por el 25 aniversario de Subhodi Instituto de Sri Lanka, y desde la red Mundial de amigos de Teilhard se ha difundido por todo el mundo. Estar cerca del impulso místico del Padre Teilhard tanto como sea posible para nosotros es una verdadera alegría.

     En otro artículo de FronterasCTR comentamos las ideas de Duffy. Baste ahora con este texto del mismo: « El viaje místico de Teilhard empezó con el Circulo de la Presencia. Desde muy joven fue un enamorado de la naturaleza, estuvo muy impresionado por la belleza lujuriante  del mundo sensible que le rodeaba. Algo tan simple como una melodía, un rayo de sol, un perfume, o una mirada; le invadían el corazón  y le llenaban de una presencia inexplicable. El placer estético que le procuraban estos encuentros  le sumergía y le penetraba hasta el fondo del alma. Aunque estos momentos fueran pasajeros, le provocaban unas vibraciones cósmicas que le invadían y tomaban posesión de él. Estos encuentros le abrían el camino hacia una nueva dimensión que estaba deseoso de explorar. Provocaban en él un deseo de llegar à ser "uno" con el Cosmos, de bañarse en un Océano de Materia”.

     Escribe Teilhard: “A través del silencio ha ascendido un sonido purísimo; una franja de limpio color se ha ido dilatando sobre el cristal; un fulgor ha pasado sobre el fondo de los ojos que amo. (….) La vibración ha hecho que resuenen y se estremezcan todos mis afectos. Me ha arrastrado fuera de mí, a una armonía más general que la de los sentidos, a un ritmo cada vez más rico y espiritual, que, insensiblemente y sin fin, se iba convirtiendo en la medida de todo crecimiento y de toda belleza. (…) El hombre absorbido por las exigencias de la vida práctica, el hombre exclusivamente positivo, no percibe sino raras veces o a duras penas esta segunda fase de nuestras percepciones, en que el Mundo, que ha entrado, se retira de nosotros llevándonos consigo. Es un hombre mediocremente sensible a la aureola emotiva, invasora, mediante la cual se nos revela, en todo contacto, lo único Esencial del Universo ».

     Y más adelante : « Pero dichoso sobre todo quien, habiendo logrado sobrepasar el diletantismo del arte y el materialismo de las capas inferiores de la Vida, haya escuchado a los seres responderle, uno a uno, y todos a la vez: «Lo que tú has visto pasar, como un Mundo, por detrás del canto, al fondo del color, de los ojos, no es algo que se halle aquí o allí: es una Presencia derramada por todas partes. Presencia única de las otras presencias, en virtud de la cual nos hallamos todos presentes los unos a los otros. Presencia vaga todavía para tu mirada débil y tu ser grosero, pero progresiva y profunda, en la que aspiran a fundirse toda diversidad y toda impureza.»

     Una vez que ha logrado proseguir hasta el fin la llamada incluida en toda sensación; una vez que su mirada se ha acostumbrado a la Luz invisible en que los seres se bañan por su periferia y por su centro, el Vidente, advierte que se encuentra sumergido en un Medio universal, superior a aquel en que se agita la Vida aparente y común, Medio inmutable que no alcanza la marea de las vicisitudes superficiales. Medio homogéneo, en que se atenúan las oposiciones y las diferencias. No sabe decir nada todavía de esta Realidad difusa, salvo que existe, y que es envolvente, y que beatifica misteriosamente. Pero le basta con haber entrevisto las capas luminosas y serenas. Nada desde entonces será capaz de apartarle de emigrar hacia allí para siempre, y de poner su felicidad en perderse allí cada vez más ».

     Y concluye : « Me parece ahora moverme en una Homogeneidad impalpable, hecha de innumerables presencias fusionadas entre sí. Estoy percibiendo la variedad y los diversos atractivos de cada una de ellas. Pero no las percibo sino como semejantes a tintas cambiantes de una misma luz o a zonas de perfume diluidas en una misma atmósfera. Las atravieso sin salir de lo que las une. Bajo la mezcla accesoria y los encantos de superficie, la Presencia expandida por doquier es el único efluvio que me ilumina y el único aire que yo podré respirar jamás ».

     II. EL CÍRCULO DE LA CONSISTENCIA

     La segunda etapa de este camino interior es la que Teilhard denomina  « El círculo de la Consistencia ». Ya en la Vida cósmica había aludido a « la consistencia de lo Real ». Aquí desarrolla esa experiencia.

     Escribe : « La intuición fundamental acaba de desembocar en el descubrimiento de una Unidad suprarreal, difundida por la inmensidad del Mundo. Por natural desarrollo, esta primera visión adquiere inmediatamente cuerpo en otra percepción muy próxima, a saber: la de que existe un sustrato universal, muy realzado y muy sutil, gracias al cual subsiste la totalidad de los seres.En el medio, a la vez divino y cósmico, en que al principio el Vidente no había advertido más que una simplificación y como una espiritualización del Espacio, ahora, fiel a su Luz, contempla cómo progresivamente se va dibujando la Forma y los atributos de un Elemento último, en el que toda cosa encuentra su Consistencia definitiva ».

     Prosigue : « Por todas partes, la dispersión, signo de lo corruptible y de lo precario. Y por todas partes, al mismo tiempo, la huella y la nostalgia de un Soporte único y de un Alma absoluta, de una Realidad sintética, que sería tan estable y universal como la Materia, tan simple como el Espíritu.Es preciso haber sentido profundamente el dolor de hallarse sumergido en lo múltiple, que hace remolinos y huye bajo nuestros dedos, para merecer gustar el entusiasmo que alivia el alma, cuando, bajo la Acción unificante de la Presencia universal, puede ver que lo Real ha llegado a ser, no solamente transparente, sino sólido. El principio incorruptible del Cosmos está desde ese momento descubierto, y se halla extendido por doquier. El Mundo está lleno, y lo está de Absoluto. ¡Qué liberación! » 

     Y más adelante : « De esa manera ha proseguido el Medio místico, como una marea ascendente, su obra de invasión y modificación de lo Real. Hasta hace poco simple resplandor imponderable con el que se iluminaba el Interior común de las cosas, se ha convertido ahora en Consistencia universal, en la que todos subsistimos y nos movemos. No es sólo que a Dios se le alcance a través del cristal del Mundo. Es Él quien sostiene y constituye la refringencia… « 

     Y concluye este apartado : « Por eso es por lo que, si algún día (que será por lo menos el de la muerte) todo empieza a ceder a mi alrededor, si una ruina total viene a destruir el edificio de búsquedas y de afectos que constituyen la obra de mi existencia, me parece, que ante la forma desnuda de tu consistencia emergiendo sola de tanto destrozo, la palabra que vendrá a mis labios, Señor, será, con tu ayuda, el viejo Himno de los Antiguos: ¡Oh triunfo! »

     II. EL CÍRCULO DE LA ENERGÍA

     El tercer círculo es el llamado círculo de la Energía. ¿De qué Energía se trata? Estamos ante uno de los conceptos más queridos de Teilhard.

     Inicia sus palabras con esta oración : « – Ahora que te tengo, Consistencia suprema, y que me siento llevado por ti, me doy cuenta de que el fondo secreto de mis deseos no era abrazar, sino ser poseído ».

     Estas últimas páginas muestran ya el papel de las pasividades esenciales, que será puesto de relieve en la segunda parte de El Medio divino, en «La Significación y el valor constructivo del sufrimiento» (La energía humana, pp. 53-57), etc. (Ver también pp. 189-190, etc.) Cf. carta del 9 de abril de 1916: «No tenemos otra morada permanente en el Cielo. Esta es la verdad, siempre antigua y siempre por aprender, que no asimilamos sino a golpe de experiencias dolorosas. No sé si te he contado que en septiembre de 1914, mientras ayudaba a Boule a poner a salvo los tesoros más valiosos del Museum, palpando de una manera tan inmediata y tan cruda la fragilidad de las esperanzas humanas, me sentí lleno de una especie de alegría triunfante; porque Dios, su voluntad, fuera del alcance de toda disminución, al alcance, por el contrario, a pesar de todos los desastres y de todas las ruinas, se me aparecía como la única, realidad absoluta y deseable. Y esta misma alegría triunfante, hecha de la convicción en la trascendencia de Dios, la conservo, en las horas de adversidad, frente a las peores eventualidades que amenazan al país. Sí; incluso si, contra todo lo que es de esperar, la guerra acabara mal, no sólo para nosotros, sino para el progreso real del Mundo, incluso entonces sentiría el deseo de repetir, por encima de todas las apariencias funestas, el viejo grito de las fiestas griegas: ¡Oh triunfo!» (Génesis de un pensamiento, p. 116-119).

     Hemos elegido estos textos como más significativos : « No, la Creación no ha cesado jamás. Sino que su acto es un gran gesto continuo, espaciado en la Totalidad de los Tiempos. Dura todavía; e incesantemente, aunque de forma imperceptible, el mundo va emergiendo cada vez un poco más sobre la Nada. La operación que le levanta y le modela puede muy bien refractarse hasta el infinito en las criaturas en que se materializa y se acumula el trabajo cumplido. A fin de cuentas, sólo ella subsiste y obra, suprema influencia surgida del primer Motor ».

     Y más adelante : « Esto le lleva, insensiblemente, a encontrar, en su misma espontaneidad, un modo nuevo, más perfecto que el padecer, de adherirse a la influencia divina. Con ésta descubre, al obrar, que es posible anudar la comunión en la acción. La operación creadora de Dios no nos amasa, en efecto, como una simple arcilla blanca. Es un Fuego que anima a los que toca, un espíritu que los vivifica. Por tanto, es viviendo como debemos, en definitiva, entregamos a Ella, modelarnos sobre Ella, identificarnos con Ella. El místico experimenta, por instantes, la visión obsesiva y aguda de esta situación ».

     Y concluye : « Después que el Medio místico se le ha revelado en la aureola de una emoción intensa, o en la dilatación de un Objeto muy amado, el Vidente no ha cesado de ver cómo se desarrollaba, por todas partes en torno a él, una homogeneidad exuberante, en que las diferencias de superficie acaban por atenuarse en profundidad. Experimente esto o lo otro, lleve a cabo esta acción o la otra, se encuentre aquí o allí, el místico, llegado a este punto de su evolución, ya no sale de la misma atmósfera sublime e inmutable, que en todas las circunstancias, le domina y le contiene. Haga lo que haga y se encuentre donde sea, vive una especie de sueño superior, en que las distinciones de la vida práctica parecen secundarias y se oscurecen. Aunque sometido, para alimentar su visión, a una percepción vigorosa de las realidades inmediatas de la vida, el místico siente que disminuye el valor de ellas y tiende a desinteresarse de la cuestión. Se trata del Ciclo de lo Homogéneo. Otra fase, complementaria, se halla ahora muy próxima, en la cual, el Principio uniforme, y supremamente consistente, del Universo, habrá de mostrarse capaz de penetrar y de «absolutizar» los seres sin tocar para nada sus oposiciones de pormenor ni alterarse a sí mismo.Aquí tenemos, dispuesto a iniciarse, el Ciclo de lo Heterogéneo »

     IV. EL CÍRCULO DEL ESPÍRITU

     La cuarta fase del camino interior es la denominada « El círculo del Espíritu ». Aparece aquí otro de los conceptos más queridos por Teilhard : el « Espíritu », del que tratará en muchas ocasiones.

     Estas son sus palabras iniciales : « La fuerza que arrastraba al místico hacia la región en que todas las cosas se fusionan, se invierte ahora, y le lleva a la consideración precisa de lo Múltiple experimental, desde el día en que advierte que el Elemento superior, con el que arde por mezclarse, no es solamente el término beatificante, sino el producto parcial de la actividad humana ».

     Y más adelante : « Pero un poco más de luz todavía, y la Sede de toda acción y de toda comunión habrá de mostrársele al Vidente como localizada, no en la esfera divina, ni en la capa creada, propiamente dichas, sino en una Realidad especial nacida de su interferencia, tanto de la una como de la otra. El Medio místico, no constituye una zona ACABADA en la que los seres permanecen inmóviles, una vez que han tenido acceso a ella. Se trata de un Elemento complejo, hecho de criatura divinizada, en el que poco a poco, en el curso del tiempo, va reuniéndose el Extracto inmortal del Universo. No se llama precisamente Dios, sino su Reino. Y no existe sin más; deviene».

     Y continúa : « Es preciso, ante todo, que sea liberado el Espíritu! El Espíritu es el final perseguido por la Naturaleza en sus largos trabajos. Todo lo que vive (esto es, todo lo que se agita, quizás), desde su origen, tiende hacia un poco más de libertad, de poder, de verdad. Al principio, oscuramente, luego con una conciencia más despierta de lo que desea y de lo que le falta, cada mónada se siente impulsada hacia las regiones en las que brilla el Pensamiento »

     Este texto cobra mucha fuerza : « ¿Esto es de veras así, Señor? Al difundir la Ciencia y la Libertad, estoy en situación de poder densificar, en Sí misma tanto como para mí, la atmósfera divina en la que sigue siendo mi único deseo sumergirme. Al adueñarme de la Tierra, es a Ti a quien me puedo adherir. ¡Alegría, alegría, alegría del espíritu y dilatación del corazón! He aquí, pues, justificado y transfigurado, este gusto por la presa que, desde mi infancia, me lanzaba sin descanso sobre los objetos, nunca los mismos, a través de los cuales, jamás lograba alcanzar lo que perseguía… »

     Y más adelante : « Por el amor a lo Divino, que ve surgir por todas partes en cada nuevo progreso realizado por la Naturaleza, el místico se arroja fogosamente a la lucha por la luz. Se siente dolorosamente atormentado por no poder ver bastante. Se consume cuando el Mal resiste o hace ostentación. Saborea, por el contrario, en las horas de triunfo, el brebaje espirituoso que hace beber a sus adeptos más fieles la doctrina de la Fuerza. Su visión le deja profundamente humano. Sólo que, además de un móvil superior para sus deseos, le aporta un maravilloso complemento de la deficiencia que sin cesar entristece la acción humana. Sólo, entre los hombres, el místico se halla seguro de que hasta el menor de sus esfuerzos es un “adquirido para siempre”, que funciona y que dura.Porque él opera en Dios ».

     Y prosigue :«Aquí estoy, inmutable, generación tras generación, dispuesto a salvar, para los que habrán de venir, el tesoro, que hoy podría darse por perdido, pero que el porvenir habrá de heredar; yo transmitiré un día tu pensamiento a otro, que yo conozco. Y cuando éste hable y sea escuchado, te estarán escuchando a ti. Tú mismo, ¿sabes acaso de dónde proviene esa idea que te agita y que acaricias como si fuera tuya? »«Yo soy la verdadera cohesión del Mundo. Sin mí, los seres, aun cuando parezcan estar tocándose, se hallan separados por un abismo. Se juntan en mí, a pesar del caos de los siglos y del Espacio».«Aquí estoy para trasladar, fecundar y pacificar tu esfuerzo».« Pero, sobre todo, para relevarle y consumarle. »«Tú has luchado ya bastante para que el Mundo se divinice. A mí me toca ahora forzar las puertas del Espíritu ».« ¡Déjame pasar! »

     Y concluye este capítulo : « Hubo momento en que, a fuerza de querer someterse a la dominación divina, el místico se vio arrojado sobre la acción. Ahora, por un proceso inverso, el exceso mismo de su deseo de acción le entrega a una pasividad de orden superior. A fuerza de querer poseer y remover por completo el Mundo (para sentir a Dios), se ha convertido en asceta y contemplativo. A fuerza de desear el desarrollo de su naturaleza, se estremece de alegría al sentir el dolor que, gota a gota, disuelve su ser para sustituirlo por Dios. A fuerza de amar la vida, se dedica a desear la muerte, única capaz de destruir tan profundamente su egoísmo, de manera que pueda ser absorbido en Cristo.Por tercera vez: ¡Oh triunfo!« .

     V. EL CÍRCULO DE LA PERSONA

     El último círculo del camino interior lo titula Teilhard como « El círculo de la Persona », otro de los conceptos tan queridos.

Escribe : « Poco a poco se ha ido desenvolviendo el Medio místico, y ha formado una forma divina y humana. Al principio, hubiera podido confundírsele con una simple exteriorización de nuestras emociones, que desbordaban sobre el Mundo y parecían animarlo.Pero muy pronto se reveló su autonomía, como una Omnipresencia extranjera y soberanamente deseable. Esta universal Presencia comenzó por desecar dentro de sí toda consistencia y toda energía. Luego, materializada en el gran soplo de purificación y de conquista que turba al hombre de todos los siglos, nos ha arrebatado consigo, hasta asimilamos a su propia naturaleza… ».

     Y más adelante : « El movimiento que me ha iniciado comenzó por un punto, por una persona, la mía. Bajo la excitación de los sentidos, este punto se dilató, como si quisiera absorberlo todo. Pero, muy pronto, fue él quien se sintió cogido y como invertido. Junto con todos los seres que me rodeaban, me he sentido capturado por un Movimiento superior, que me removía los elementos del Universo, y volvía a agruparlos en un orden nuevo. Y así, cuando me fue dado conocer adónde tendía la trayectoria deslumbrante de las bellezas individuales y de las armonías parciales, pude advertir que todo esto volvía a centrarse en un solo punto, en una Persona, la Tuya.¡Jesús!Esta Persona poseía, en su exuberante Unidad, la virtud de cada uno de los Círculos inferiores de la mística. Su Presencia sostenía y bañaba todas las cosas. Su Poder animaba toda energía. Su Vida dominadora mordía en toda otra vida, para asimilársela. De esa manera pude comprender, Señor, que era posible vivir sin salir de Ti y sin cesar de sumergirse en Ti, Océano de Vida penetrante y movida. Desde que Tú dijiste, Señor: «Hoc est Corpus meum», no solamente el Pan del altar, sino (en una cierta medida) todo lo que en el Universo alimenta al alma para la Vida del Espíritu y de la Gracia, se ha convertido en tuyo y en divino, divinizado, divinizante y divinizable. Cualquier presencia me hace sentir que Tú estás cerca de mí; cualquier contacto es el de tu mano; cualquier necesidad me transmite una pulsación de tu Voluntad. Hasta tal punto, que todo lo que en torno a mí es esencial y duradero, ha llegado a ser para mí el dominio y, de alguna manera, la sustancia de tu Corazón. ¡Jesús! « 

     Y concluye : « ¡Jesús!Y el resultado de esta extraordinaria síntesis de toda perfección y de todo devenir que Tú realizas en Ti, está en que el acto por el que te poseo, reúne, en su rigurosa simplicidad, más actitudes y más percepciones de las que yo he podido exponer en estas páginas y de las que podría jamás expresar. Cuando pienso en Ti, Señor, no soy capaz de decir si te encuentro más aquí que allí, si Tú eres para mí, ante todo, Amigo, Fuerza o Materia, si contemplo o si sufro, si me vuelvo a pensar o si me uno, si te amo a Ti o a los demás y al Resto. Toda afección, todo deseo, toda posesión, toda luz, toda profundidad, toda armonía y todo ardor se reflejan igualmente, en el mismo instante, en la Relación inexpresable que se establece entre yo y Tú.¡Jesús! La beatitud mística concluye en la conciencia de esta gratuidad, esto es, de esta suprema dependencia. Qui potest capere capiat.Beaulieu-les-Fontaines, Oise. 13 de agosto de 1917 « 

Conclusión

            Al terminar este relato, el autor es consciente de la subjetividad presente en el intento de síntesis de un texto que es imposible de sintetizar. Por ello, se han elegido algunos textos que impactaron de forma especial a quien esto escribe. Tal vez sea necesario acudir al mismo Teilhard.

            ¿Qué es lo que pretende Teilhard de Chardin con este escrito? Tal vez lo que denomina “conclusión” resume nítidamente los objetivos, contenidos y propuestas de este ensayo. Para Teilhard, “Las experiencias que relata este estudio no son más que una Introducción a la Mística. Más allá del punto en que yo me detengo, el Ser en quien se ha personificado adecuadamente el Medio cósmico superior, revela, como le place, los atractivos de su Rostro y de su Corazón. Hay infinitos grados en esta iniciación amorosa de una persona a otra Persona insondable » .

Leandro Sequeiros. Doctor en Ciencias Geológicas, colaborador de la Cátedra Francisco J. Ayala de Ciencia, Tecnología y Religión. Universidad Comillas