“La Vida Cósmica”: Revisión crítica de un texto problemático

LEANDRO SEQUEIROS
Vicepresidente
De la Asociación de Amigos de Teilhard de Chardin

            En varias ocasiones de palabra y por escrito he mantenido y mantengo que es necesaria una edición crítica de los escritos no científicos de Pierre Teilhard de Chardin. La edición de las Oeuvres de Teilhard (publicadas por ediciones du Seuil en París) poco después de su muerte, incluyen “intrusos” y errores de transcripción, justificados por la premura con que su secretaria y albacea, Mlle Mortier tuvo que preparar los volúmenes para su publicación.

            Es más: la premura con que se publicó en castellano la edición traducida de esta obra desde el francés, introdujo, como he mostrado en otros lugares, errores de traducción, así como erratas de imprenta que han hecho que el legado escrito de Teilhard haya llegado hasta nosotros incompleto y poco fiable.

            En esta nota, se presenta uno de estos casos de error de transcripción seguido de error de traducción. Aparece en el primero de los escritos de carácter espiritual y místico que nos han llegado de Teilhard: “La Vida cósmica”, escrito en 1916 y cuya primera versión está firmada el 20 de abril de 1916, Jueves de Pascua, en Fort-Mardik, en el mítico Dunkerque, durante la primera guerra mundial.

1. EL DESPERTAR DEL GENIO TEILHARDIANO

            En 1916, en el frente de batalla como camillero, Pierre Teilhard de Chardin (1881-1955) escribe a mano en un sencillo cuaderno que envía a su prima Margarita el primer ensayo de cierta entidad en el que se expresa barroco, místico y desbordante el “genio teilhardiano”. Parece que el “bautismo de lo real” –como él mismo escribe- hizo que en su interior se desencadenasen unas misteriosas energías capaces de revolucionar su mente. Y tuvo la capacidad inmensa de intentar plasmar en un brillante francés las vivencias más hondas de su alma de poeta místico y científico.

            En la introducción a su ensayo “El dominio del mundo y el reino de Dios”[1] (firmado el 26 de septiembre de 1916) reconoce que “Al escribir La Vida cósmica he pretendido llamar la atención sobre la posibilidad de una sana reconciliación entre Cristianismo y Mundo, sobre el terreno de la prosecución leal y convencida del Progreso, en comunión sincera con una fe en la Vida y en el valor de la Evolución” (p. 97).      

            En este artículo llamamos la atención sobre un texto que nos parece problemático por su transcripción y posterior traducción dentro del ensayo “La Vida cósmica”. En otro lugar[2], hemos presentado una nueva traducción de “La Vida cósmica” a partir del texto original francés[3], cotejado con el texto en castellano[4], al que se han añadido notas aclaratorias a pie de página.

2. PIERRE TEILHARD DE CHRADIN Y LA GRAN GUERRA, LA PRIMERA GUERRA MUNDIAL

            Hemos considerado de interés para los lectores situar a Teilhard en el marco global de su vida para entender cómo, “La Vida cósmica”, su primer ensayo de síntesis, fue el punto de partida de toda su gran aventura intelectual. “La Vida cósmica” forma parte de su experiencia terrible como camillero en el frente de batalla. Teilhard fue testigo de excepción del primer gran conflicto armado del siglo XX, la Primera Guerra Mundial o "Gran Guerra" que  movilizó a más de 70 millones de soldados de los cinco continentes y dejó cerca de diez millones de muertos y 20 millones de soldados heridos. Esta guerra también dejó millones de muertos civiles y provocó la caída de los imperios ruso, austro-húngaro, alemán y otomano.

            La Primera Guerra Mundial, también conocida como “Guerra Europea” o la  “Gran Guerra”, fue un conflicto armado desarrollado principalmente en Europa, que dio comienzo el 28 de julio de 1914 y finalizó el 11 de noviembre de 1918, cuando Alemania pidió el armisticio y más tarde el 28 de junio de 1919, los países en guerra firmaron el Tratado de Versalles.

 

3. TEILHARD Y LA PRIMERA GUERRA MUNDIAL

            Nos ha parecido presentar estos datos para situar a Pierre Teilhard de Chardin. Entre 1914 y 1919, Pierre Teilhard de Chardin permanece movilizado en el frente como camillero recibiendo la Medalla al Mérito Militar y Legión de honor. Precisamente, entre estos años, 1916 y 1919, Teilhard redacta sus 18 primeros ensayos de síntesis luminosa entre los que destacan “La Vida cósmica” (1916), “El Medio místico” (1917), “La Unión creadora” (1917), “Mi Universo” (1918), “El Sacerdote” (1918) y “La potencia espiritual de la materia” (1919) [5]. En ellos ya se transluce lo que será el núcleo de su pensamiento.

            Estos son algunos de los datos más relevantes de la hoja de servicio de Pierre Teilhard de Chardin, tal como minuciosamente lo describe uno de sus primeros biógrafos, el profesor Claude Cuénot[6]. Muchos datos de gran interés sobre sus actividades en el frente y sus reflexiones espirituales están reflejados en sus cartas, agrupadas en el volumen XVI de sus obras, bajo el título Génesis de un pensamiento[7]. En el mes de agosto de 1914,  Teilhard no está aún movilizado. Una junta de clasificación le había declarado inútil parcial para el servicio militar en 1902 y en 1903; una nueva revisión, lo declaró apto para servicios auxiliares en 1904. Eran sus años de estudiante jesuita y debía ser la estrategia para que no tuvieran que hacer el servicio militar. Teilhard, pues, puede continuar con su formación religiosa y los estudios científicos. Incluso, tras la batalla del Marne, a la que hemos aludido más arriba, puede eludir ser movilizado y incluso comienza en Cantorbery la etapa que la Compañía de Jesús denomina la “Tercera Probación”[8].

            Teilhard no terminará este año de Tercera Probación. Las urgencias de la guerra hacen que un nuevo reconocimiento médico y militar (en diciembre de 1914) le declare “útil para todo servicio”. Movilizado casi inmediatamente e incorporado a la 13ª sección de Sanidad, Teilhard pasa un tiempo en Vichy y después en Clermont-Ferrand.

            Pero esto no va con su carácter. No le gusta el trabajo de oficina. A sus 33 años Teilhard desea ir al frente de batalla. Verá satisfecho su deseo. El 20 de enero de 1915, ya es camillero de segunda clase en el 8º regimiento de choque de tiradores marroquíes. Este regimiento se convierte desde el 22 de junio de 1915, en el 4º regimiento de zuavos y tiradores.

            Los primeros meses de 1915 los pasa Teilhard en los confines de Oise y del Somme, aproximadamente en el ángulo que formaba la línea del frente que, procedente del este, se remontaba hacia el norte de Francia. En abril y mayo y en agosto de 1915, el 4º mixto está en el sector de Ypes. Luego, en septiembre del mismo año participa en la gran ofensiva de Champaña, especialmente brutal y mortífera, a la que hemos aludido. En junio, en agosto, en octubre, y en diciembre de 1916 nuevos actos heroicos en el frente, le cubre de gloria en Verdún.

            En 1917 volvemos a encontrarlo en Champaña, en la región del Chemin-des-Dames, cerca del Ainse, y después, en las pendientes septentrionales al oeste de Soissons, participa de lleno en la segunda batalla del Marne y más tarde, participa en la contraofensiva.

            En octubre de 1918 goza de una especie de vacaciones muy cerca de la Alta Alsacia y de la frontera suiza. A la noticia del armisticio, el regimiento se mueve hacia Alsacia y una delegación del 4º mixto de zuavos y tiradores asiste, el 25 de noviembre de 1918, a la memorable entrada en Estrasburgo. El 30 de enero de 1919, el regimiento penetra en Alemania, en Baden, por el puente de Kehl. Para Teilhard, la guerra ha terminado.

            Una guerra parece que, en principio, es incompatible con la vida intelectual. Pero durante los períodos de reposo, Teilhard –según sus biógrafos y sus cartas – llenó, con su letra a la vez menuda, rápida, enérgica y distinguida, cuadernos enteros en los que confiere a su pensamiento una formulación ya compleja y rica.

            Como escribe Cuènot (opus cit., pág. 68) Teilhard, como decía Baudelaire, “me has dado tu cieno y yo lo he convertido en oro”. Hizo oro del cieno de las trincheras, porque poseía el don sobrenatural de extraer de las cosas y de los seres la savia mediante la cual crecía para Dios.

 

4. LA VIDA CÓSMICA (1916) DE PIERRE TEILHARD DE CHARDIN

            Escribe Cuènot: “En un principio, la vida en las trincheras parece obrar como un catalizador sobre el espíritu del joven jesuita, y la primera síntesis es La Vida cósmica (24 de marzo de 1916), compuesta sin duda en los alrededores de Nieuport. El Padre Teilhard quiere dejar que se desborde su amor a la materia y a la vida y armonizarlo con la adoración a la única, absoluta y definitiva Divinidad. Parte del hecho inicial, fundamental, de que cada uno de nosotros está ligado, a través de todas sus fibras materiales, orgánicas, psíquicas, a todo lo que le rodea. La mónada humana, como toda mónada, es esencialmente cósmica” (Pág. 69)

            Esta intuición inicial le acompañará toda la vida. De forma que años más tarde, lo expresa. Muy explícita es su confesión en Como yo creo, (escrita en octubre de 1934)[9]: "La originalidad de mi creencia consiste en esto: que arraiga en dos dimensiones de la vida, consideradas habitualmente como antagónicas. Por mi educación y formación intelectual, pertenezco a los "hijos del cielo", pero por mi carácter y mis estudios profesionales soy un "hijo de la Tierra".(…) Al término de mi experiencia, después de treinta años consagrados a la búsqueda de la unidad interior, tengo la impresión de que se ha realizado de modo natural, una síntesis entre las dos corrientes que tiran de mí: la una no ha ahogado a la otra. Hoy creo, probablemente, más que nunca en Dios, y al propio tiempo, más que nunca, en el mundo".

            Este doble impulso hacia Dios y hacia los humanos, hacia lo material y hacia lo espiritual, hacia lo trascendente y lo inmanente, hacia lo físico y lo metafísico le acompañará siempre. Y su síntesis es un intento de armonización entre ambas tendencias. De alguna manera, todo lo material, lo humano, lo inmanente, lo terreno está apuntando, creciendo, evolucionando hacia lo espiritual, lo ultrahumano, lo sobrenatural, lo metafísico, lo teológico, lo divino…Esa fue una de sus primeras intuiciones.

5. UN TEXTO PROBLEMÁTICO DE “LA VIDA CÓSMICA”

  El capítulo III de “La Vida cósmica” (1916) de Pierre Teilhard de Chardin lleva como título “La Comunión con Dios”. En este capítulo está un texto (que hemos traducido del francés) que tiene aspectos problemáticos por unas palabras en griego que creemos mal transcritas en francés y en castellano.

            En el texto francés dice “…à l édification de quelque ατεμα εδ αει. Y en el texto traducido al castellano, dice “… à l édificatión de un πτεμα εδ αει;. Pero ni la palabra en griego del texto francés ni la del texto castellano tiene sentido. ¿Qué es lo que realmente quiso escribir Teilhard? Posiblemente, si su letra romana era difícil de entender, mucho peor lo es entender y transcribir unas palabras en griego.

            Hemos podido reconstruir la frase en griego de modo que tenga sentido y esta es la transcripción que proponemos dentro del texto teilhardiano:

            “¿Qué es lo que quiere decir esto? Pues que por más que satisfaga la forma de nuestras aspiraciones cósmicas a las que se les presenta la inserción inesperada en un Mundo dotado de propiedades ideales e inauditas, la Revelación ofusca, de hecho, nuestra sed de Absoluto, al declarar, inútil e incluso condenable, al objeto primitivo de su ardor secundario. El organismo sobrenatural, el Reino divino, se desarrolla a través del Progreso humano, independientemente de él, o, lo que resulta aún más inquietante, en ruptura con él. Le ajan o le matan. ¡Lo mismo si el Mundo terrestre renace o queda abortado, yo llegaré igualmente bien al término de mi expansión, y quizá con más seguridad si aborta! Así son las apariencias. Y estas hacen rebelarse al no creyente y estas apariencias desconciertan también al fiel que se resiste a renunciar a la esperanza de contribuir, mediante la aportación de sus esfuerzos humanos y de sus conquistas materiales, a la edificación de una κτῆμα ἐς ἀεί.

¡Si por lo menos este fiel pudiera darse cuenta, de que lo único que ha sido tocado en él ha sido su sensibilidad! ¡Si fuera capaz de testimoniarse a sí mismo, que su pena no es más que nostalgia de los horizontes terrestres a los que se encuentra adherida su alma, como a los muros y ruidos de una vieja y primera morada! Entonces realizaría alegremente su sacrificio. Por obediencia a las leyes austeras de todo Devenir, sabría decir adiós a los placeres inferiores y fáciles, para ascender más alto. Pero no, su angustia es más profunda. En ella hay algo más que un corazón que gime. Es el espíritu el que no logra comprender”.

6. Conclusión. Nuestra interpretación

Tanto el texto francés como el texto castellano (que traduce del francés) han cometido un error. Quien hizo la transcripción del manuscrito, confundió la letra "κ" con una "α" y el traductor español (que no debía saber mucho griego) confundió la “α” con la letra "π", con lo que el texto no tiene sentido.

Desde nuestra opinion, la frase en griego debe ser κτεμα εδ αει (que se traduce como Logro para la eternidad, o posesión para siempre). Esta opinión ha sido corroborada por dos expertos, los profesores José Luis Sicre y Teresa Berdugo de la Facultad de Teología de Granada. La expression κτῆμα ἐς ἀεί, o con grafía Latina, ktêma es aeí, puede traducirse como "Logro para la eternidad". Es una expresión de Tucídides en referencia a su propia obra, la Historia de la Guerra del Peloponeso. Estas expresiones se pueden encontrar también en internet en una colección de expresiones históricas griegas: ver:

http://es.wikipedia.org/wiki/Anexo:Locuciones_griegas

Esta interpretación “encaja” con el sentido del texto teilhardiano y colabora a clarificar el verdadero sentido de “La Vida cósmica”. Y reafirma en a idea de que es necesario proponer una edición crítica francesa de las obras de Teilhard que llevará como consecuencia la revisión de la traducción castellana.

 

NOTAS

[1] Teilhard de Chardin, Pierre. Escritos del tiempo de guerra. Taurus, Madrid, 1968, pág. 93-118.

[2] Teilhard de Chardin, Pierre. La Vida cósmica. Texto y comentarios de Leandro Sequeiros. Bubok ediciones, 2016.

[3] Teilhard de Chardin, Pierre. “La Vie cosmique. Écrits du temps de la guerre. 1916-1919. Éditions du Seuil, París, 1965, pág.  17-82

[4] Teilhard de Chardin, Pierre. “La Vida cósmica”. Escritos del tiempo de guerra. Taurus, Madrid, 1968, pág. 19-91.

[5] Todos ellos se publicaron en el volumen XII de las Oeuvres de Teilhard de Chardin. Y la versión castellana en: Pierre Teilhard de Chardin. Escritos del tiempo de guerra. Taurus, Madrid, 1968, 470 páginas. La precipitación en la traducción de estos ensayos dio lugar a errores de traducción y a erratas de imprenta que hemos intentado corregir realizando nuevas traducciones a partir de la edición francesa.

[6] Cuénot, C., Pierre Teilhard de Chardin. Le grandes étapes de son évolution. Plon, Paris, 1958, 489 + XLIX pág; edición española: Cuénot, C., Pierre Teilhard de Chardin. Las grandes etapas de su evolución. Taurus, Madrid, 1967, 640 páginas (sobre todo, a partir de la página 53).

[7] Teilhard de Chardin, Pierre. Genèse d´une pensée. Bernard Grasset editeur, París, 1961. Edición castellana: Génesis de un pensamiento. Cartas (1914-1919). Taurus, Madrid, 1963. Presentado por Alice Teillard-Chambon y Max Henri Bégouën y precedidas de una introducción de Claude Aragonnès. Traducción de Teófilo Delgado. 369 páginas. En la introducción de Claude Aragonnès (su prima Margarita Teillard-Chambon) leemos (pág. 31): “De entre los acontecimientos exteriores de su vida, la guerra ha sido para el Padre Teilhard probablemente el más decisivo. Ha tenido sobre su vida una repercusión profunda. No es exagerado decir (así lo pensaba y así lo decía él) que la guerra le ha revelado a sí mismo. De todos modos, la guerra vino a precipitar un desarrollo interior que no se hubiera producido tan pronto ni, seguramente, tan irresistiblemente, sin las circunstancias que han acrecido considerablemente su experiencia humana, puesto su espíritu en movimiento y templado su carácter”.

[8] La “Tercera Probación” es una etapa de un año, finalizados los estudios teológicos, durante la cual los  jóvenes jesuitas hacer una síntesis personal de toda su larga formación y se preparan para la Misión que la Compañía de Jesús quiera encomendarles en el futuro.

[9]  Teilhard de Chardin, Pierre. Como yo creo. Taurus, Madrid, 1970 pág. 105-106.