“La prehistoria y sus progresos” (1913). Teilhard de Chardin, un siglo más tarde.

LEANDRO SEQUEIROS

Cátedra Ciencia, Tecnología y Religión.
Asociación de Amigos de Teilhard de Chardin

RESUMEN: Hace cien años, entre 1912 y 1914, el joven Pierre Teilhard de Chardin dedica su tiempo al estudio de la prehistoria en París bajo la dirección de Marcellin Boule en el Instituto de Paleontología humana, incorporado al Museo de Historia Natural. Teilhard descubre que el conocimiento de las raíces humanas podría ser posible gracias a la emergencia de una disciplina nueva: la prehistoria. Entusiasmado con este descubrimiento, publica en 1913 un artículo en la revista de los jesuitas franceses, Études, en el que justifica el carácter científico de la prehistoria y su potencialidad para llegar a conocer nuestros orígenes humanos.
PALABRAS CLAVE. Teilhard de Chardin, Études, prehistoria, ciencia – religión, filosofía, Marcellin Boule.

The prehistory and their progress (1913).

Teilhard de Chardin, one century before

ABSTRACT: A century ago, between 1912 and 1914, a young Pierre Teilhard de Chardin devote his time to study of the prehistory in Paris directed by Marcellin Boule in the Human Palaeontological Institute, attached to Natural History Museum. Teilhard discover that the humanity rooths knowledge can be possible by means the prehistory, a new emergent discipline. Excited by that discovery, he publishes a paper in 1913 in Études, a review published by the French Jesuits, where he justify the prehistory scientific character and their potentiality for reach the human origins knowledge.

KEY WORDS: Teilhard de Chardin, Études, prehistory, science- religion, philosophy, Marcellin Boule.

INTRODUCCIÓN

En 1911, Pierre Teilhard de Chardin, joven y prometedor jesuita de 30 años, se ordena de sacerdote. En 1912 finaliza sus estudios de Teología en Hasting (Inglaterra). En estos años, publicó dos breves trabajos sobre aquellos temas que constituirían su preocupación esencial durante casi medio siglo: en 1911, publica (firmado como “T. de C.”) un artículo divulgativo titulado “L´Évolution” en el boletín de los Círculos de Estudio de Action Populaire de Reims[1]; y en 1912, “El hombre ante las enseñanzas de la Iglesia y ante la filosofía espiritualista”[2]. A Teilhard, en esta época, le apasiona el conocimiento de los orígenes de la humanidad desde el punto de vista de las ciencias. No desea hacer apologética, sino conocer los retos que las nuevas ciencias del ser humano ofrecen a la Teología. ¿Son científicos, y por ello válidos, los nuevos avances del conocimiento antropológico? ¿Cómo establecer puentes con las enseñanzas de la Iglesia?

La vocación científica de Teilhard estaba muy clara y había ido madurando a lo largo de estos años. Su inclinación hacia el mundo de las ciencias y su capacidad demostrada hacia el mundo de las ciencias de la Tierra y especialmente a la paleontología y a la paleoantropología propiciaron que sus superiores jesuitas autorizaran a Teilhard para que pudiera dedicarse al cultivo de las ciencias. Lo sucedido hace un siglo, en 1913, será esencial para el futuro de Teilhard.

1. LAS PRIMERAS INVESTIGACIONES

Es necesario sumergirse en la época de formación científica de Teilhard para entender en su justa dimensión su tarea como geólogo y paleontólogo. La primera fase de su trabajo científico es denominada por él mismo como de “investigaciones preliminares sur le terrain”[3]. Discurre por las Islas Normandas (en Jersey, entre 1901 y 1905, durante sus estudios jesuíticos de filosofía); posteriormente, en Egipto (en El Cairo, entre 1905 y 1908) y luego en Inglaterra, (donde estudia Teología, entre 1908 y 1912). Es entonces cuando toma contacto con las formaciones geológicas de facies Weald (Cretácico medio y superior de los geólogos).

En estos años, Teilhard publicó sus primeros ensayos científicos. Teilhard los describe así[4]: “Excepto algunas notas (no mencionadas en la bibliografía) publicadas en la Sociedad Cultural de Jersey (sobre la Mineralogía de la Isla de Jersey) o en el Boletín de la Sociedad Científica de El Cairo (sobre el Eoceno del Alto Egipto), el resultado principal de esas primeras investigaciones consistió sobre todo en proporcionar muestras y observaciones (numerosas especies nuevas) a geólogos y paleontólogos eminentes, como René Fourtou, Sir Arthur Smith-Woodward, el profesor Seward, etc.”. En una carta dirigida a sus padres el 16 de mayo de 1913, escribe: “la descripción de mis plantas fósiles (Hastings) ha aparecido en la Revista de la Sociedad Geológica de Londres, y en él hay un género nuevo, Teilhardia, y una nueva especia, Teilhardi, entre otras”.

Los años anteriores a la guerra europea (1914-1916) son fundamentales para entender la obra científica posterior de Teilhard. Puede decirse que en esos años se produce la auténtica formación científica teilhardiana, aunque tuviera que esperar hasta después de la guerra para poder obtener un título universitario formalizado como es la Licenciatura en Ciencias Naturales. Pero, como se verá más adelante, esta época de estudios formalmente universitarios no debieron dejar una huella especial en la organización mental de Teilhard. Desgraciadamente, la documentación sobre la formación científica de Teilhard desde 1912 hasta la culminación de su tesis doctoral en 1922 no es muy completa[5] y en parte hay que acudir a suposiciones.

2. TEILHARD SE INTERESA POR LA PREHISTORIA

Por indicación de sus compañeros jesuitas, a mediados de 1912 tiene lugar su primera entrevista con el Dr. Marcellin Boule (1861-1942)[6], profesor de paleontología en el Museo Nacional de Ciencias Naturales de París. Boule, nacido en 1861, era por entonces una autoridad indiscutible en el mundo de la geología y de la prehistoria. Éste comenzó a estudiar geología con Louis Lartet[7] en Toulouse y más tarde se especializó en paleontología humana[8]. Teilhard tuvo la suerte de poder pasar dos años (1912-1914) con el doctor Marcellin Boule en el Instituto de Paleontología humana[9], incorporado al Museo de Historia Natural de París. En esta prestigiosa institución, Teilhard se siente feliz y se dedica, entre otras cosas, y por indicación de Boule, a estudiar los restos fósiles de mamíferos terciarios incluidos en las fosforitas de Quercy.

Aquí conoció Teilhard en 1912 a otro investigador que marcará su futuro y con el que se unirá con una sólida amistad, no exenta de tensiones: el sacerdote Henri Breuil (1877-1961)[10], experto en prehistoria, con quien discutía casi todos los días de paleontología humana y sus implicaciones teológicas. Henri Breuil fue comisionado en 1910 junto al experto en prehistoria española, Hugo Obermaier (1877-1946)[11] para estudiar los yacimientos prehistóricos de España. Esto explica por qué en el verano de 1913 (hace un siglo), Teilhard acompaña a Breuil y Obermaier en su viaje científico al norte de España[12]. Visitan la Cueva de Altamira (Santillana del Mar), la gruta de Hornos de la Peña, y especialmente la zona de Puente Viesgo, el Castillo y la Pasiega (Cantabria) dirigidos por Hugo Obermaier, Nels C. Nelson y Paul Wernert. Se conserva una vieja fotografía, así como una postal de Puente Viesgo, firmada por el mismo Teilhard el 30 de junio de 1913, dirigida a la familia Bouyssonie (donde se alojó en su visita a la Chapelle-aux-Saints un año antes).

No se suele citar la importancia de que en 1913, cuando Teilhard tiene solo 32 años, escribe su primera colaboración en la prestigiosa revista Études[13] sobre algunas de las últimas novedades en el campo de la prehistoria[14] donde ya se apuntan algunas intuiciones teológico-científicas, fruto sin duda de sus discusiones con Breuil.

3. LA FORMACIÓN INICIAL COMO GEÓLOGO

Pero Teilhard era consciente de que la prehistoria, sin una base geológica, quedaba corta. Por ello, en estos años decisivos para su formación científica, entre 1912 y 1915, Teilhard siguió algunos cursos de geología en el Instituto Católico de París. Entre ellos, los impartidos por Jean Boussac[15], yerno del experto en rocas cristalinas Pierre Termier[16] (que estimaba mucho a Teilhard); por el geólogo Émile Haug (de tectónica general, de geología del período geológico Secundario)[17]; y por André Cailleux (en el Colegio de Francia)[18] sobre sedimentología y estratigrafía. Muy pronto se ganó su confianza por su entusiasmo en el trabajo tanto de laboratorio como de campo. Por ello, en su ensayo en la revista Études de 1913, la geología ocupa un lugar importante.

Pero en 1915 estalla la guerra europea. Teilhard es movilizado y destinado como camillero en el 21 regimiento mixto de zuavos y tiradores. Según sus biógrafos, el contacto con la crueldad de la guerra hizo que desde 1916 (con 35 años) se produjera el llamado “despertar del genio teilhardiano”. Sus vivencias están reflejadas magistralmente en su Diario[19] . A partir de enero de 1916, su Diario toma un nuevo sesgo: ya no le interesan tanto sus avatares como camillero en la guerra, sino que se extiende en temas filosóficos y teológicos: la materia divina, el sacrificio, la energía apasionada, la unión con el todo, la divinización y la acción creadora de Dios. Sus consideraciones se ven acompañadas por esquemas, diagramas y dibujos que revelan ya la emergencia de nuevas concepciones de la fe que se trenzan con los conceptos científicos.

En estos años, Teilhard tiene su segundo reencuentro con la obra de John Henry Newman[20], y más especialmente con su Apología pro vita sua y sus Cartas publicadas en francés. Ya en Jersey, y ciertamente aquí en Hastings había leído y oído hablar de Newman. Aquí se reencuentra con su pensamiento que lo marcará profundamente, sobre todo en lo relativo a las relaciones tensas con el magisterio de la Iglesia, de modo que Teilhard escribe (16 de julio de 1916) que éste hace la misma función que la selección natural en la teoría darwinista. El genio teilhardiano ha despertado y nadie podrá frenarlo.

En 1919, Teilhard es desmovilizado. Finaliza la carrera de Ciencias Naturales en París y desde 1920 a 1922 se dedica a la Tesis Doctoral. Los biógrafos apenas informan sobre su actividad como estudiante en la Universidad de París entre 1919 y 1920. Parece ser que finalizó su licenciatura en Ciencias Naturales de forma apresurada y superficial, al estar acogido a la ley de desmovilización. Teilhard acudió a las clases de Edgard Hérouard (1858-1932), zoólogo experto en equinodermos, y del profesor de Robert (del que no hemos podido tener más información).

En junio de 1919, Teilhard aprobó la Geología con la nota de “notable”. Pero en Botánica (octubre de 1919) y Zoología (marzo de 1920) estaba peor preparado. Se encontraba, como él mismo escribe en 1920, muy fatigado. Un dato interesante es que fue discípulo (y luego amigo) de Alfred Lacroix (1863-1948), asimismo alumno del gran experto en mineralogía Fouqué. Lacroix era profesor de mineralogía en el Museum d´Histoire Naturelle y fue experto en geología de volcanes. Parece ser que animado por el prestigioso paleontólogo Pierre Termier, Teilhard volvió a entrar en contacto con Marcellin Boule en el Museum.

Pero diversos acontecimientos dieron un giro a su brillante carrera. Es “destinado” a China (utilizando un término suave) donde pasará una gran parte de su vida. Pero esta es otra historia. Nos fijamos ahora en la que fue una de sus primeras reflexiones, publicadas además en Études, una revista de la Compañía de Jesús.

4. LA PREHISTORIA Y SUS PROGRESOS (1913): REIVINDICACIÓN DE LAS CIENCIAS DEL HOMBRE FÓSIL.

La prestigiosa revista jesuita Études publicó en su número del 5 de enero de 1913 un ensayo firmado por Pierre Teilhard de Chardin. Es el primero de los muchos artículos publicados en sus páginas. Pero “La prehistoria y sus progresos”[21] tiene un significado especial al ser el primer ensayo publicado por  Teilhard relacionado con los orígenes de la humanidad. Desde el punto de vista epistemológico, este ensayo, dentro de su carácter divulgativo, constituye una reivindicación del carácter científico de la empresa intelectual iniciada por Teilhard: articular un discurso racional sobre la legitimidad científica de las ciencias del ser humano, y en concreto, la reconstrucción de los procesos biológicos y culturales que conducen al ser humano.

Estas son sus palabras: “Hubo un tiempo en el que la Prehistoria merecía ser objeto de sospechas o burlas. Sus primeros adeptos, por sus vocaciones muchas veces fantaseantes, por la tendencia anticristiana de sus tesis, parecían empeñados en atraer sobre sí a un tiempo la desconfianza de los científicos y de los creyentes; y en verdad que lo lograron. Sin mayores distingos, se les trató de sectarios o de iluminados”[22].

De modo indirecto, Teilhard alude al debate desencadenado en el siglo XIX en torno a los orígenes de la humanidad tras la publicación de la obra de Charles Darwin[23]. El debate sobre “el origen del hombre” (ensayo de Charles Darwin de 1871) provocó duros enfrentamientos entre científicos y las iglesias cristianas. Teilhard intuye que se inicia una era de diálogo entre ambos. Es el mensaje que desea resaltar en este ensayo.

Por eso, puede afirmar que “hoy han sido ya superados esa frialdad y ese desdén. Ahora que los hechos reunidos son base firme para construcciones serias, y un modo más sosegado de contemplar las relaciones entre la ciencia y la fe deja la verdad religiosa al abrigo de los quebrantos que pueden acaecerle a la ciencia experimental del hombre, resultaría imperdonable ignorar los trabajos de los prehistoriadores o anatematizarlos”[24].

Estas palabras del joven Teilhard dejan ya muy nítido lo que será el proyecto de toda su vida: tender puentes de diálogo y de entendimiento entre los resultados de la investigación científica sobre la condición humana y la fe religiosa. 

Desde esta racionalidad y esta convicción epistemológica, es desde donde expone sus siguientes ideas:

“La prehistoria está convirtiéndose en ciencia valedera y cierta, y no conozco prueba más significativa de ello que la publicación actualmente en curso [escribe en 1913] de una obra alemana considerable, Der Mensch aller Zeiten, en la que se expondrán los datos más recientes adquiridos por la antropología, gracias a la contribución de científicos católicos”[25].

Teilhard, poco propenso a poner notas a pie de páginas en sus ensayos, dedica aquí una amplia referencia a Der Mensch aller Zeiten[26] publicada bajo la dirección de Hugo Obermaier. La influencia sobre el pensamiento antropológico de Teilhard de Obermaier es indiscutible en este momento de la formación del futuro científico. El elogio que Teilhard le tributa es significativo:

“En los trece primeros fascículos [de Der Mensch aller Zeiten], ya aparecidos, un hombre de una competencia reconocida [Obermaier] pasa revista a los puntos que la ciencia de los orígenes humanos puede considerar como sentados. Nos ha parecido oportuno resumir aquí este magnífico libro, para dar una idea del cuerpo de resultados históricos, realmente importantes, que ha obtenido la paleontología humana en el curso de estos últimos años. Ningún guía mejor para caminar por la senda todavía tan poco hollada de la prehistoria que este sacerdote, lleno de saber y de buenas maneras, Don Hugo Obermaier. Él nos dirá dónde han aparecido los registros más antiguos dejados por el hombre, cómo se fechan y qué perspectivas abren a la senda de nuestros más antiguos antepasados”[27].

4.1 Cuaternario antiguo, el hombre paleolítico y el hombre neolítico

Teilhard estructura su ensayo de un modo histórico, siguiendo el hilo del estudio de Obermaier. Cuatro son los aspectos que considera: en primer lugar, presenta la panorámica general del estudio del cuaternario antiguo en Europa, adjuntando un esquema de las glaciaciones. En segundo lugar, sitúa al hombre paleolítico antiguo en el contexto de las oscilaciones climáticas cuaternarias coincidiendo con Obermaier en que “por ahora no se ha probado que haya un hombre terciario…”.

El tercer apartado lo dedica Teilhard a exponer los datos sobre el hombre paleolítico reciente, según los datos de Obermaier y los debates sobre los Neanderthales. Y el cuarto apartado se refiere a el hombre neolítico, hasta la edad del bronce y del hierro.

No es este el lugar para analizar detenidamente el valor de estos datos científicos que quedan fuera del objeto de esta nota. Lo que sí queda patente es la apertura mental de Obermaier para pasar por la criba de la razón los datos empíricos, geológicos, paleoantropológicos y paleoculturales que configuran un marco general de los avatares de la especie humana durante el período cuaternario.

Un texto del artículo de Teilhard es significativo para entender el viaje de Teilhard, Breuil y Boule a las cuevas del norte de España en el verano de 1913, unos meses después:

“Las grutas son, en efecto, la reserva privilegiada de los documentos prehistóricos. Mientras que en la llanura desaparecen, se diseminan, se revuelven los restos de cadáveres y de industria, en las cavernas se acumulan, se conservan, se distribuyen en capas regulares. Más de diez veces, con siglos de intervalo, las cuevas dieron albergue a huéspedes diversos. Ocupadas y abandonadas consecutivamente, tan pronto por fieras como por seres humanos, se han ido llenando poco a poco, a veces hasta el techo, de lechos superpuestos (archivos impresionantes que refieren una vida extrañamente olvidada, y a veces guardan también a los muertos”[28].

Una nota del mismo Teilhard a pie de página revela su propia opinión sobre el llamado en eso tiempo el “eslabón perdido”: “No hay que exagerar, ni tampoco menospreciar, la importancia paleontológica del Pithecántropo[29], que era un gran mono, contemporáneo, sin duda, del hombre Chelense. Y he aquí una observación muy oportuna del profesor Obermaier sobre este punto: el descubrimiento de Java, dice, nos revela un ser que desde el punto de vista morfológico [el subrayado es de Teilhard] ocupa, sin duda alguna, un estado intermedio entre el hombre primitivo y todos los antropoides vivientes y fósiles. El mono de Trinil “no es un eslabón perdido entre el hombre y el mono, sino un [cursiva de Teilhard] eslabón perdido, y muestra qué cerca de la descendencia humana estuvo la “descendencia de los antropoides” (W. Volz, página 374)[30]. Aquí, está claro, “eslabón perdido” no significa “antepasado”, sino tipo intermedio, acercamiento entre los géneros de una misma familia morfológica”[31]. Como puede observarse, Teilhard es muy cauto, todavía, para asignar carácter filogenético a unos datos que solo considera morfológicos.

5. CONCLUSIÓN

Debe considerarse muy relevante para la evolución posterior del pensamiento teilhardiano este ensayo publicado hace cien años en la revista jesuita Études. Sus contactos en París con la escuela francesa de paleoantropología de Boule y Breuil le abren, no solo a la comunidad científica internacional, sino que refuerzan su convicción embrionariamente evolucionista sobre las raíces de la humanidad. La lectura del libro de Hugo Obermaier fundamentó sus convicciones epistemológicas básicas sobre la capacidad de la prehistoria para aportar datos fiables al debate sobre los orígenes humanos.

Pero dejemos hablar al mismo Teilhard en la conclusión de su ensayo:

“El primer resultado que logrará esta obra suya de sabia vulgarización [se refiere al estudio de Obermaier [Der Mensch aller Zeiten] es, y así lo deseamos, la persuasión en muchas mentes, todavía no muy al tanto de las nuevas investigaciones, de que a su vera se está construyendo, rápidamente, una ciencia del hombre, con métodos, con resultados definitivos y, además, con sus especialistas propios, a los que conviene remitirse, aun cuando no se sepa apreciar en todo instante la gravedad de los motivos que determinan sus conclusiones. Pero todavía esperamos más”[32].

Y prosigue: “Quienes lean el libro de Obermaier, no solo aprenderán a tolerar la prehistoria: se apasionarán por ella. Si esta ciencia no ofrece todas las sorpresas de la vida estudiada en su forma más antigua, posee, en cambio, un interés intenso: las escenas que evoca tuvieron como testigos a nuestros antepasados: se desarrollaron en un cuadro geográfico muy parecido al que nos rodea, y, en fin, afecta a los problemas que más directamente conciernen a nuestros orígenes”.

Y concluye con un texto de Obermaier: “Añadamos que, “al hacernos ver a los pueblos civilizados como ramas débiles ligadas al tronco potentísimo de nuestra raza tomada en conjunto”, nos hace sentirnos más humanos, puesto que, en definitiva, es privilegio nuestro – de nosotros, que podemos mirar hacia atrás para tender nuestras energías más derechamente hacia adelante – tener conciencia del largo esfuerzo que se manifiesta en la creación y aprender la lección que su Amor depositó en ella: “Trabajo y desarrollo viril” (página 586)”[33].

Leandro Sequeiros San Román

Cátedra Ciencia, Tecnología y Religión.

lsequeiros@probesi.org

Pintor El Greco 8, 5º

14004 Córdoba

 

[1] TEILHARD DE CHARDIN, P., L´évolution. Le Courrier des cercles d´Études, París, 1911, 227-232 (firmado como T. de C.)

[2] TEILHARD DE CHARDIN, P., El hombre ante las enseñanzas de la Iglesia y ante la filosofía espiritualista, en el Diccionario Apologético de la Fe Católica, París, 1912, tomo II, fasc. 8, 510-514.

[3] TEILHARD DE CHARDIN, P., Títulos y trabajos de Pierre Teilhard de Chardin. Redactado en 1948. En: El Corazón de la Materia. (Sal Terrae, Santander, 2002), 169-189. El texto original es: Titres et travaux de Pierre Teilhard de Chardin. Redactado en 1948. 25 pp. (pp 1-10, d.i.: Carrière scientifique: pp. 11-25: Bibliographie), París, avril; en: Le Coeur de la Matiere. (Edit. du Seuil, París), 201-221. Extr. In: Journal of Oriental Studies, vol. III, n1 2, jull. 1956, pp. 318-321; Cahiers de la Fondation Teilhard de Chardin, 5, 1965, 159-167 (Carrière scientifique solamente). En: Oeuvres, tomo X [CUÉNOT, P. opus cit. 1967, pág. 591]. Estas son las circunstancias por las que escribe su currículo científico: al jubilarse el abate Henry Breuil por razón de edad en 1947, se le ofreció a Teilhard ser su sucesor como Catedrático de Paleontología en el Museo de Ciencias Naturales de París. Para ello, redactó y presentó el correspondiente currículo en el que constaban sus méritos científicos. Sin embargo, Teilhard se vio forzado a renunciar a esta cátedra por motivos de obediencia religiosa.

[4] TEILHARD DE CHARDIN, P., opus cit., 2002.

[5] CUENOT, C., opus cit., (1967), 17-44.

[6] Pueden encontrarse datos sobre su biografía en http://es.wikipedia.org/wiki/Marcellin_Boule

[7] Louis Lartet (1840-1899) fue hijo del gran geólogo  paleontólogo Edouard Lartet (1801-1871). Dedicó su vida a la enseñanza de la geología y de la paleontología, destacando en especial sus estudios sobre mamíferos y sobre fósiles humanos. En 1868 fue delegado por el gobierno francés para verificar la autenticidad del llamado hombre de Cro-Magnon. [BALTEAU, J., PREVOST, M., LOBIES, J.-P., Dictionnaire de Biographie française. Volumen 19 (Letouzey, Paría, 2001)]. Édouard Lartet fue el primero en interpretar un primate fósil como próximo a la evolución humana: el Dryopithecus fontani. Más tarde, describió el fósil humano de Cro-Magnon (1868) [Datos recogidos de E. AGUIRRE, Crónica y desarrollo de la Paleontología humana. (En: Historia de la Paleontología. Real Academia de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales, Madrid, 1988), 89-120] (E. AGUIRRE, comunicación personal).

[8] Según CUÉNOT, C. opus cit. (1967), Boule defendió una brillante tesis doctoral sobre los depósitos volcánicos de Velay y en 1888 publicó su Essai de paléontologie stratigraphique de l´homme. Desde 1893 y hasta 1940, dirigió la revista l´Anthropologie. Fue nombrado en 1902 profesor en el Museo Nacional de Historia Natural de París. En 1913 estudió el esqueleto de un neandertal de la Capelle-aux-Saints. En 1920, el príncipe Alberto de Mónaco le ofreció la dirección del Instituto de Paleontología humana que había fundado en París. En 1921 se publica su tratado Les Hommes Fósiles. Fue Presidente de la Sociedad Geológica de Francia y fue quien animó más tarde a Teilhard al estudio de los mamíferos de las fosforitas de Quercy.

[9] Más datos en http://www.fondationiph.org/

[10] H. Breuil nació en Mortain dans la Manche. Sus inquietudes le condujeron al estudio, y su fe a ordenarse sacerdote en 1900. A partir de este año y durante la mayoría de sus más de ochenta años de vida, persiguió su gran ilusión, que consistía en el estudio del arte primitivo de las cavernas, compartiendo sus descubrimientos con otros investigadores. Llegó a ser una figura influyente y muy conocida en el campo de la arqueología, donde dejó una huella indeleble, siendo pionero en el estudio del arte Paleolítico de las cavernas. Este profundo interés le condujo al descubrimiento de las cuevas decoradas con pinturas prehistóricas de Combarelles y Font-de-Gaume en la Dordoña en 1901. Más tarde, en una visita al British Musuem en 1904, fue el primero en percatar que los dos renos tallados en colmillo de mamut y que representaban a dos renos nadando eran en realidad una escultura de una sola pieza. Designado como profesor en el Instituto de Paleontología Humana en 1910 junto con el paleontólogo alemán Hugo Obermaier, H. Breuil llegó a ser el titular de la primera Cátedra de Prehistoria en el Collège de France en 1929 y miembro del Institut de France en 1938 (http://es.wikipedia.org/wiki/Henri_Breuil).

[11] Hugo Obermaier (Regensburg, 1877 – Freiburg, 1946) Geólogo alemán. Después de un primer viaje de campo a España en 1909, Obermaier se asentó en Madrid en 1914, e ingresó en la Comisión de Investigaciones Paleontológicas y Prehistóricas del Museo de Ciencias Naturales. Llevó a cabo estudios sobre climatología en 1915 y 1916 con Juan Carandell Pericay, a quien considera discípulo suyo. En 1922 fue designado catedrático de historia primitiva del hombre en la Universidad Central, puesto que desempeñó hasta 1936. Obermaier se mantuvo al lado de Henri Breuil en una polémica con Eduardo Hernández Pacheco y otros paleontólogos españoles, acerca de la importancia de los elementos norteafricanos en el paleolítico superior y el mesolítico en España y sobre la fecha y paternidad de pinturas rupestres. Breuil y Obermaier defendieron la existencia de una cultura capsiense norteafricana, que más tarde se demostró que había estado confinada a Túnez y Argelia. También resultó equivocada su opinión de que las pinturas de las cuevas levantinas eran contemporáneas de las de Altamira.

[12] De esta visita a España, tan trascendental en la vida científica de Teilhard, hay una amplia reseña en OBERMAIER, H., El Hombre Fósil. (Museo Nacional de Ciencias Naturales, Madrid, 1916), 104, 175, 237; reedición de E. AGUIRRE. Istmo, Madrid, 1985, introducción y páginas 57-60 (E. AGUIRRE, comunicación personal); CUÉNOT, P., opus cit. (1967), 48 ss; también PIVETEAU, J., opus cit., (1983), 6-13; AUBOUX, M.-L., Teilhard de Chardin et les Origines de l´Homme. Histoire et Archéologie, 75 (1983) 14-47; TOSCA-BERNALDEZ, F., En Espagne avec l´abbé Breuil. Histoire et Archéologie, 75 (1983), 66-69.

[13] http://www.revue-etudes.com/ La revista Études de cultura contemporánea fue fundada por los jesuitas franceses en 1856 y se mantiene sin interrupción hasta hoy. El objetivo fundacional era la información sobre religiones orientales. Con los años fue evolucionando hacia el diálogo de las culturas y las religiones.

[14] TEILHARD DE CHARDIN, P., La prehistoire et ses progrès. Études, CXXXIV (1913), 40-53. Reproducido en L´Apparition de l´Homme [Edición castellana, La aparición del Hombre, (Taurus, Madrid, 1958), 21-35].

[15] Jean Boussac, fallecido prematuramente en 1916, fue experto en el estudio de los materiales

terciarios de los Alpes, desde el punto de vista tectónico y sedimentario.

[16] Pierre Termier (1859-1930) fue Ingeniero de Minas y desde 1894 profesor de mineralogía en la Escuela de Minas de París. Sus trabajos versaron sobre todo sobre los procesos de formación del granito en los Alpes. Este tema sería retomado por Teilhard en China. A él se refiere Teilhard en La Visión del Pasado.

[17] Ëmile Haug (1861-1927) fue un excelente geólogo francés que fue profesor en la Universidad de París. Experto en cuestiones de tectónica relacionadas con la sedimentación. Publicó un Tratado de Geología (1908-1911) que fue manual en muchas escuelas de Minas. A él se refiere Teilhard en La Visión del Pasado.

[18] André Cailleux (1907-1986), profesor de Geología en la Universidad de París, está considerado como un experto sedimentólogo de rocas detríticas. Sus enseñanzas serían de gran utilidad a Teilhard en China. A él se refiere Teilhard en La aparición del hombre.

[19] TEILHARD DE CHARDIN, P., Journal. Tome I. 26 août- 4 janvier 1919. (Walter-Verlag, Olten, Suiza, 1971), 396 pág. Edición preparada por N. y K. Schmitz-Moormann

[20] John Henry Newman (1801-1890): Cardenal, teólogo, filósofo, escritor, fue uno de los intelectuales más señalados que se convirtieron al cristianismo desde la Reforma. Su gran libertad de espíritu le acarrearon problemas con la ortodoxia anglicana y con la católica. Es, según parece, el primer autor inglés que usó la palabra development, anticipándose a Darwin y a Spencer.

[21] P. TEILHARD DE CHARDIN. “La prehistoria y sus progresos” (1913). En: La aparición del Hombre. Sexta edición, febrero 1967. Taurus ediciones, Madrid, pág. 21-35. Tradicionalmente se llama Prehistoria al largo período que antecedió a la aparición de la historia escrita. Según este contexto, la Prehistoria comprende casi toda la historia de la humanidad puesto que hace 4 millones de años aparecieron en el África los primeros seres semejantes a los humanos y la escritura solo surgió alrededor del año 4000 a. C., es decir, hace seis mil años aproximadamente. Para una visión panorámica del estado actual de la prehistoria, ver: http://es.wikipedia.org/wiki/Prehistoria

[22] Ibídem., pág. 21.

[23] SEQUEIROS, L. “Darwin y el reduccionismo”. En: W. DARÓS. El problema de la ubicación de la persona humana en nuestro tiempo. Universidad del Centro Educativo Latinoamericano (UCEL), Rosario, Argentina, 2012, 197-228.

[24] Ibídem., pág. 21.

[25] Ibídem., pág. 21-22

[26] Según la cita de Teilhard (página 21, nota 1), “Prof. Dr. Hugo Obermaier, Prof. Dr. F. Birkner, PP. W. Schmidt, F. Hesterman y Th. Stratman, S. V. D.: Der Mensch aller Zeiten, 3 vol., en 4º, en 40 fascículos, con numerosas ilustraciones y láminas. Allgemeine Verlags-Gessellschaft m.b.H, Berlín, Munich, Viena”. Según los datos de Teilhard, en esta época solo había aparecido un volumen. Puede encontrarse una referencia completa en http://www.amazon.com/Der-Mensch-aller-Zeiten-Vorzeit/dp/B009RPOWHG. En 1913, esta obra se estaba editando y terminó de publicarse en 1924. Ver: http://catalog.hathitrust.org/Record/007556089 Un resumen en castellano de esta obra fue publicada en Madrid años más tarde: Obermaier, H. (1925): El hombre fósil. (2ª ed.). Comisión de Investigaciones Paleontológicas y Prehistóricas. Mem. 9: 457 págs. Madrid [Reedición facsimilar comentada: El hombre fósil. Ediciones Istmo. Colegio Universitario, 3: 473 págs. Madrid, 1985]

[27] Ibídem., pág. 22.

[28] Ibídem., pág. 29

[29] Sobre Teilhard y el Pithecantropo hay numerosas referencias. Ver: http://books.google.es/books?id=HY9dv3Vm9TUC&pg=PA45&lpg=PA45&dq=Pitecantropo+Teilhard&source=bl&ots=JIA3jU1xs9&sig=NDYnCethMytgwotFXZfzgd3heDA&hl=es&sa=X&ei=9wntUePSMouv7AbKpoEY&ved=0CC8Q6AEwAA#v=onepage&q=Pitecantropo%20Teilhard&f=false

[30] W. Volz fue un conocido antropólogo de principio del siglo XX, que intervino en polémicas sobre el “eslabón perdido”, y presentó algunas comunicaciones en la Sociedad Española de Historia Natural. Ver: http://archive.org/stream/boletndelasoci16soci/boletndelasoci16soci_djvu.txt

[31] Ibídem., pág. 30-31 (nota a pie de página)

[32] Ibídem., pág. 35.

[33] Ibídem., pág. 35.