La Noosfera. Breve introducción

Guillermo Agudelo Murguía

El propósito de este trabajo es interesar al lector a profundizar en el estudio de la Noosfera, un concepto establecido entre otros pensadores por Teilhard de Chardin. Este concepto ha sido siempre rechazado y denigrado por las corrientes hegemónicas de la ciencia y la filosofía etiquetándolo como un término poético. Pese a ello, notables científicos lo han trabajado con el mismo y con  diferentes nombres. Dado que la Noosfera es un concepto complejo, se presentan aquí diferentes interpretaciones para que el lector pueda darse cuenta que la Noosfera es una realidad que requiere de un análisis más exhaustivo por parte de los estudiosos del pensamiento teilhardiano, teniendo en cuenta que el concepto noosfera no puede ser desligado de la teoría evolucionista de Teilhard de Chardin, ya que ésta se fundamenta en la evolución de lo mental. 

Siôn Cowell en su libro The Teilhard Lexicon propone la siguiente definición de Noosfera:

Frecuentemente llamada ‘La esfera mental’. Más correctamente, ‘La esfera de la mente y el espíritu’. La palabra francesa ‘esprit’ viene del griego ‘noos’ y abarca ‘espíritu’ y ‘mente’ en su acepción inglesa. (En el diccionario de la Real Academia de la lengua Española no se hace una referencia expresa a una equivalencia semántica entre mente y espíritu.) Sustrato espiritual o mental del mundo, nuevo reino biológico, totalidad orgánica y específica en proceso de unanimización, distinta de la biosfera, sustrato del mundo no espiritual. Esta expresión fue por primera vez utilizada en 1925 en la obra de Teilhard, ‘Hominización’.

La noosfera a nivel planetario es lo análogo al pensamiento, al producto del córtex cerebral en los humanos. También se ha definido como la red planetaria pensante, un sistema de conocimiento e información, una red global de autoconciencia, instantáneamente retroalimentada y en comunicación planetaria. Es decir, es la mente de la Tierra.

Teilhard se refiere a la noosfera en relación al pensamiento, a la esfera humana, a la esfera de reflexión, de invención consciente, pero se ha ampliando el concepto a todos los niveles de complejidad de la materia,  porque preexistente a este campo de pensamiento existen campos que han evolucionado a la par del Universo material.

Finalmente lo que se vislumbra, es la formación de una conciencia planetaria, que deberá estar integrada por los campos de conocimiento de todos estos niveles.

Para la corriente teilhardiana, la noosfera se enmarca  dentro de la perspectiva de una evolución social o lamarckiana. Un estudio profundo del proceso evolutivo claramente demuestra que la autonomía individual no se pierde durante la socialización, etapa más reciente de la evolución cósmica. Es decir, la Noosfera se sostiene como un sistema complejo de mentes individuales, aunque los contenidos “comunes” de los cerebros individuales muestren una gran convergencia. Otra interpretación se enmarca en una evolución darwiniana. De acuerdo con James Lovelock y teóricos de Gaia, así como Francis Heylighen y otros, el cerebro global se convertirá en una entidad superior, en una clase de ser inteligente terrestre y que las mentes individuales perderán su visión independiente del todo, tal como ellos creen que sucede en las células, en sustratos evolutivos anteriores, que (según ellos) perdieron su individualidad en los metazoos. Existen otras hipótesis, por ejemplo, la de Eric Chaisson  quien en su libro Cosmic Evolution. The Rise of Complexity in Nature, basándose en la termodinámica, discute que a medida que el planeta se vuelve más complejo la evolución darwiniana tiende a devenir en una evolución lamarckiana.

Resumiendo, la evolución teilhardiana se basa en los siguientes principios:

  • Todo se deriva de una energía única de origen noético (Nota 1). Lo mental, el conocimiento, la información, sólo evolucionan conjuntamente con su matriz material.
  • De la energía noética surge la radiación y la materia que evoluciona hasta las estructuras complejas que tienen vida, estructuras que se autoorganizan.
  • La energía noética (Información) evoluciona integralmente con las estructuras materiales posee sus propios  “campos”, uno de los cuales, el que corresponde al pensamiento, es la Noosfera.

La idea que se sostiene respecto de que la noosfera emerge sólo con la unificación de la humanidad a escala mundial, debe ser revisada, ya que lo que emerge es el darse cuenta, la conciencia, de su existencia. Como se aprecia en el trabajo de Teilhard de Chardin y es confirmado por Vladimir Verdansky y seguidores, así como por Howard Bloom (Nota 2), la noosfera ha existido, y en consecuencia evolucionado, desde el Big Bang hasta nuestros días. La noosfera, al ser una entidad no material, no puede emerger de la materia. Así encontramos que Howard Bloom afirma:

Para entender el rompecabezas y los reclamos, movámonos un poco hacia atrás en la historia. Cuando los científicos contemporáneos como el inglés Peter Russell, el francés Joël de Rosnay, el belga Francis Heylighen o el estadounidense Gottfried Mayer-Kress predicen la emergencia de un cerebro global en algún momento en el siglo XXI, sus mentes están a menudo fijas en la comunicación electrónica. Ellos ven transmisiones satelitales, cables de fibras ópticas y la siguiente generación de tecnologías como los axones neurales de un cyber-cortex extendiéndose por continentes y océanos. Pero el intercambio y la tecnología compartida de las herramientas de piedra produjeron versiones tempranas de estos axones hace 2 millones de años…El cerebro global no es sólo humano, producido por nuestra alardeada inteligencia. Está tejido entre todas las especies. Una masa mental anudada, de continentes, de océanos y cielos. Ella (la masa mental) convierte a todas las criaturas grandes y pequeñas en  ojos y oídos de los que buscan comprobar, de los  innovadores y  de los  artesanos. Éste es el auténtico cerebro global, la verdadera mente global.

Para quien desee profundizar en este tema, se recomienda ingresar al siguiente sitio electrónico: http://www.heise.de/tp/r4/artikel/6/6556/1.html

Por su parte, el antes citado Joël de Rosnay (Nota 3), afirma que científicos filósofos, escritores de ficción e inclusive políticos visionarios han anticipado e inclusive descrito algún tipo de superorganismo planetario que él llama “cerebro planetario”, y argumenta que esta posibilidad surge si uno tiene la perspectiva correcta de la evolución humana (invenciones, descubrimientos, etc.), aunque con las diferencias inherentes a los diferentes grupos humanos. Muchas de estas descripciones frecuentemente son utópicas, ingenuas, inclusive poéticas pero reconocen este fenómeno macroscópico del cual son al mismo tiempo testigos y agentes. Menciona los enfoques de noosfera de Teilhard de Chardin como una esfera global de todas las mentes conectadas a través de redes de comunicación; alude también al concepto de “Meta-hombre” de Gregory Stock; así como al trabajo de Francis Heylighen  de la Universidad libre de Bruselas y su “Principia Cibernética Web”, trabajo de colaboración de un grupo internacional sobre una filosofía sistemática evolutiva, al que se puede acceder en  http://pespmc1.vub.ac.be/

En forma independiente aunque simultánea con Teilhard de Chardin,  Vladimir Ivanovich Vernadsky formuló el concepto de noosfera. Su teoría, “La ciencia de la vida”, fue producto de una mente con formación diametralmente opuesta a la de Darwin. En tanto que éste respondió a una sociedad victoriana de primacía racial e intereses imperialistas, Vernadsky tuvo una formación socialista con bases más científicas.

Su trabajo por mucho tiempo fue desarrollar el concepto de noosfera. El cual definió de la siguiente forma:

Bajo le acción del pensamiento científico y el trabajo humano, la biosfera avanza hacia una nueva etapa, la noosfera…De esta forma, un conjunto siempre creciente de nuevos cuerpos inertes y nuevos grandes fenómenos naturales son creados en la biosfera. Esto no es ocasional sino que es un proceso natural elemental cuyas raíces son profundas.

En cuanto al pensamiento humano, posteriormente él expresó:

Aquí ha surgido un nuevo acertijo. Si el pensamiento no es una forma de energía ¿cómo puede incidir y alterar los procesos materiales? Esta interrogante todavía no ha sido respondida. En cuanto a la noosfera se observa a cada momento los resultados tangibles, empíricos de ese incomprensible proceso.

Lyndon H. LaRouche, seguidor de las ideas de Vernadsky propone:

El potencial productivo del individuo no se encuentra enteramente dentro de sí mismo, sino en la relación de su desarrollo con la “curvatura” característica de la sociedad.

Se recomienda ampliamente leer el artículo “Vernadsky and the Science of Life” en la revista 21st CENTURY, Science & Technology. Summer 2001,  en el cual se publicaron las memorias de un panel de discusión en una reciente conferencia del Schiller Institute sobre la necesidad de hacer una revolución en la ciencia, reviviendo el método de Vernadsky.

Muchos autores, como Jean Gebser, Carl Gustav Jung, Antonio Negri y Ken Wilber han llevado a cabo estudios más extensivos y han encontrado que, generalmente hablando, las etapas de desarrollo individual son un reflejo en la evolución noosférica social, que reflejan etapas universales de organización e incremento de conciencia. Inclusive, actualmente, otros autores quieren ver a la Web como la materialización de la noosfera (Nota 4) (COBB 1992). Para la corriente teilhardiana la Web es una importante y obvia manifestación de la noosfera, pero no es la noosfera. Javier Candeira afirma, que si el mundo está como vislumbra Teilhard de Chardin, recubierto de una noosfera, una capa de materia pensante con una conciencia propia, Internet es el sistema nervioso artificial que nos permite pensar como una comunidad, con facultades que superan a las de cada una de las partes, sea cualitativa o cuantitativamente. Obviamente esto se refiere únicamente a la especie humana.

Otro concepto similar al de Noosfera es el que en la lingüística es de Ferdinand de Saussure, quien a finales de siglo XIX en su obra “Cours de Linguistique Générale” propone la dicotomía de Langue y Parole, en la cual Parole es la manifestación individual del uso del lenguaje, en tanto que la Langue es un campo lingüístico que envuelve al individuo del cual éste toma aquellos elementos del lenguaje de acuerdo con su capacidad.

El biólogo Rupert Shaldrake planteó la teoría llamada de los Campos Mórficos o Morfogenéticos que tiene muy hondas similitudes con la Noosfera. Rupert Shaldrake propone que existen campos de información que influencian todas las estructuras, no solamente de los organismos vivientes, sino también  de la materia inanimada. El físico David Peat en su libro Synchronicity se refiere a esta teoría:

Claramente, poderosos principios de organización trabajan cuando las células individuales de una colonia de moho del cieno, repentinamente se congregan entre sí para formar un solo, un unitario organismo llamado babosa. De la misma manera, cuando los electrones de un metal empiezan su danza colectiva para formar un plasma, o se mueven con la corriente integrada de un superconductor, algo más que un solo promedio estadístico de un gran número de individuos mecánicos está trabajando.

En el caso del desarrollo de un embrión humano, algo más sutil tiene lugar para la exacta coordinación de todo el proceso que implica una casi inimaginable complejidad. Células que emigran, se dividen, mueren o se diferencian en un preciso momento; órganos que coordinan su crecimiento y secreciones; varias síntesis y procesos metabólicos que se activan y desactivan en armonía con otros eventos que tienen lugar en áreas remotas del organismo. Por ejemplo, el nervio óptico debe desarrollarse dentro del embrión, de tal manera que los dos extremos de su complejo manojo de nervios hagan la conexión exacta entre los cien millones de receptores que hay en los ojos y en las diversas áreas del córtex visual.

Al respecto, S. J. Snyder de la Universidad Johns Hopkins declara:

Una de las principales interrogantes en la biología es precisamente cómo discretas porciones del cuerpo llegan a ser lo que son y adoptan su apariencia y función característica… ¿Qué le indica a un grupo de células en un embrión que se desarrollen en un brazo? ¿Por qué cierto grupo de células se desarrollan en un hígado, otro grupo en glándulas y otro en gónadas? El cerebro es un órgano que exhibe de muchas maneras una gran complejidad, mayor que el resto del cuerpo. En su estado embrionario, miles de senderos neuronales serpentean frecuentemente en enrevesados itinerarios antes de alcanzar sus locaciones adultas.

La aceptada hipótesis en la biología, de que el funcionamiento de cualquier ser viviente puede ser explicado en términos del ADN y del metabolismo celular, sólo logra ser un paliativo para una profunda explicación del fenómeno, pues  surgen los interrogantes de cómo se establecieron el código genético del ADN y  el metabolismo celular. Las respuestas a estas preguntas se aclaran en gran medida al introducir la Información como la fuerza directriz de todos los procesos.

La implicación social más obvia de los campos-M, es la de que pensamientos y conductas que se tornen habituales, beneficien o no al genero humano, en suficientes cantidades de personas, serán cada vez más fáciles de sincronizar en otros individuos.

Sheldrake propone que los hábitos y conducta que cualquier especie tuvo en el pasado se acumulan hasta alcanzar una masa crítica, y mediante un proceso al que denomina resonancia mórfica, afectan hábitos y conducta de los integrantes actuales de esa especie determinada.

Si un miembro de alguna especie encuentra una nueva manera de interactuar con su medio ambiente, y esta la aprende un número suficiente de individuos de esa especie (masa crítica), esto puede permitir que miembros de la misma especie aunque vivan en distinta zona geográfica, absorban súbitamente esta nueva manera de interactuar, aun cuando no tengan ninguna conexión genética directa con los individuos que dieron orígen a la nueva conducta.

Lo más llamativo de la propuesta de Shaldrake, nos dice Peat, es que estos campos al actuar, no sólo en el desarrollo de embriones y otros sistemas biológicos, sino en toda la materia, deben por consiguiente aplicarse a la cristalización de nuevas sustancias sintéticas o a la formación de moléculas fuera de sus átomos componentes.

Los campos mórficos de Sheldrake han sido estudiados con cierta restricción pues lógicamente son rechazados por la ciencia ortodoxa, sin embargo, explican coherentemente incógnitas de varias  disciplinas. 

Si se acepta la idea de Shaldrake de los Campos -M, al igual que al aceptar la teilhardiana de la Noosfera, se debe extender la naturaleza de la materia introduciendo el concepto de que a cada partícula, átomo, molécula, organismo, especie, etc., le corresponde un campo de información, una conciencia fundamental que complejifica las estructuras a medida que adquiere se conocimiento, y esto sucede conforme se integran físicamente los cuantos de energía mediante procesos cuánticos.

Un breve recorrido por la noosfera.

De acuerdo con Allerd Stikker (Nota 5) (Stikker 1992):

El desdoblamiento de la noosfera, abarcando la expansión del pensamiento humano, individual y colectivo, sus inspiraciones y experiencias, condujo inicialmente a las antiguas religiones y a la visión tribal del mundo. Hasta hace aproximadamente dos mil quinientos años el énfasis estaba en el espíritu colectivo, la naturaleza, las deidades mitológicas, los símbolos y los ciclos del retorno sin fin. Entre los años 800 y 200 A.C. la condensación de la noosfera alcanzo un punto de saturación. Desde Grecia, a través de Palestina, Persia, India y China, independiente y simultáneamente, un nuevo patrón de pensamiento emergió: la conciencia de una reflexión crítica individual. Esta transformación liberó al espíritu humano de la naturaleza permitiendo al individuo descubrir la imagen de Dios y tener un punto de vista individual en el juicio del estado y la religión. El individuo pudo buscar la verdad a través del proceso dialéctico.

El progreso de la reflexión crítica dio forma a las grandes filosofías y a las grandes religiones. La mayor parte de este nuevo pensamiento alejó a los humanos de sus raíces, que como hemos visto están profundamente ligadas a la geosfera y a la biosfera, lo que condujo a una distinción radical entre el mundo físico y el divino o realidad última. El pensamiento Judío y el Confucionista abrieron la vía de la secularización, el Budismo y el Hinduismo, de la espiritualización. El Taoismo consideró los valores divinos y terrenos, mutuamente incluidos en la unidad del Universo, la Tierra y los seres humanos, manteniendo la unidad dentro de la diferenciación.

El judaísmo, la transformación de la conciencia Judea, vino a ser la base para la posterior emergencia de la Cristiandad así como del Islam. En añadidura a las dimensiones místicas y divinas de la Trinidad, la cultura Cristiana introdujo la historicidad como un aspecto fundamental de la historia humana y universal. Un tiempo que se desarrolla se superpuso al tiempo cíclico, llegando a ser la piedra angular del pensamiento homocéntrico occidental. La filosofía Griega y la legalidad Romana se inscribieron en los cimientos de la Iglesia, culminando en el siglo XIII con la formulación de los principios Cristianos de Santo Tomas de Aquino.

El pensamiento racional, combinado con la suposición de que los eventos en el mundo estaban gobernados por patrones garantizados por la divinidad, llevó al enfoque científico occidental de medir, analizar y reducir el mundo material y natural. La búsqueda individual y colectiva de la Verdad, condujo a conceptos teóricos para explicar y predecir las relaciones mecánicas. La mente mecanicista se estableció y dominó la noosfera desde el siglo XVI a través de los trabajos de Galileo, Newton, Descartes y otros.

En el siglo XIX, un nuevo mecanismo se descubrió: la selección natural en el desarrollo de las especies. La tesis de Darwin, coincidente con el descubrimiento de Lyell de que la edad de la Tierra se contaba en millones de años, abrió la puerta para las teorías evolucionistas. Esto se opuso al principio de las especies fijas y creadas separadamente, y a la historia bíblica de la creación de la Tierra, que se suponía ocurrida en el año 4004 A.C.

Las civilizaciones del medio y Lejano Oriente mantuvieron sus códigos culturales de espiritualidad y tiempo cíclico. El pensamiento Chino influenciado por el Taoismo, orientado a la naturaleza, y el Confusionismo, orientado a la sociedad, desarrollaron una alquimia y una tecnología basadas en la observación de los procesos naturales y en la experiencia humana. La síntesis y el progreso científico, fundados en conceptos, análisis y reducción, se desenvolvieron principalmente en el Oriente.

En Occidente, las tecnologías basadas en la ciencia, que progresaron en operaciones a gran escala durante el siglo XIX, dieron paso a la revolución industrial. Esta revolución industrial, promotora del tamaño, de la cantidad, de la división del trabajo y de nuevas estructuras de poder, se anexó al Estado y a la Iglesia.

La nueva dimensión organizacional de la sociedad humana, condujo eventualmente a un incremento en la velocidad del proceso evolutivo. En un lapso de 100 años, los sentidos naturales del ser humano se han ampliado exponencialmente en comparación con los miles de millones de años de una evolución planetaria, natural y genética. En otras palabras, el conocimiento acumulado en la noosfera en los últimos cien años, supera con mucho al que se acumuló en los millones de años previos. El microscopio y el telescopio son claros ejemplos de los profundos “saltos” que han expandido el rango de los sentidos, aun cuando el cuerpo físico humano no se haya desarrollado más. La noosfera se está condensando rápidamente con las invenciones humanas y el entendimiento del conocimiento, que está universalmente disponible para el uso colectivo e individual sin tener que repetir el proceso de especialización. La noosfera se esta desarrollando a una fuerte dimensión colectiva.

El proceso de la enajenación humana de la naturaleza que se inició hace 2500 años con el progreso conceptual y mecanicista, ha sido fuertemente incrementado por la dominación humana sobre la naturaleza. La transformación por el género humano, de la vegetación natural, de los minerales y las formas animales, para satisfacer metas humanas, ha tenido lugar a una tasa que se incrementa sin límite. Por añadidura una enajenación de los individuos dentro de la humanidad empieza a emerger.

La identificación del artesano con el producto total empezó a ser reemplazada por el interés del especialista en las partes, proceso que ha llegado a límites inconcebibles. Marx protestó ante esta situación desarrollando nuevos conceptos de estructura social; éstos estaban basados en un punto de vista mecanicista y dialéctico, soportado por el concepto evolucionista darwiniano contemporáneo.

En los albores del siglo XX, la física y la psicología introdujeron una nueva etapa en el pensamiento Occidental, con las nociones de la totalidad, la relatividad y el quanto. La importancia de este salto en la noosfera es comparable a la transformación del pensamiento colectivo al personal  y crítico reflexivo ocurrido 2500 años antes. Einstein, Jung y Bohr son exponentes de esta nueva línea de pensamiento cuántico, relativista y holístico. Esta nueva etapa parece haber marcado la emergencia del pensamiento occidental en la dirección de la integración, la interconexión, la totalidad y las relaciones.

Mientras tanto, el ímpetu tecnológico entraba en su apogeo, conduciendo a más invenciones y nuevas aplicaciones. Las consecuencias humanistas y filosóficas del nuevo pensamiento relativista, cuántico y holístico no han llegado a manifestarse plenamente todavía. La revolución  industrial condujo a la bomba atómica, al crecimiento incontrolado de la tecnología, a la seguridad social, a un relativo bienestar de una parte de la humanidad a partir de la segunda guerra mundial.

En la ciencia, la tendencia hacia un pensamiento integral se complementó con el pensamiento dinámico, e influenciado por la cultura Cristiana, se orientó hacia la noción de los cambios irreversibles. La proposición holista, que permanecía separada, se integró a la dimensión dinámica del pensamiento evolucionista.

Un aspecto negativo del concepto de cambios irreversibles, incluido el concepto de entropía, llevó a la pesimista creencia de una eventual muerte del Universo en un caos final. Actualmente, de acuerdo con los recientes descubrimientos de los principios de la autoorganización en la naturaleza (orgánica e inorgánica), la tendencia es a corregir esa noción.

En medio de estos profundos cambios en el pensamiento Occidental, Teilhard de Chardin desarrolló su visión integral y dinámica de la evolución del Universo, en la cual, como hemos visto, el cosmos, la Tierra y la humanidad, participan en un proceso dinámico que tiene un patrón y una intención. Durante este proceso, el crecimiento de la complejidad conduce al crecimiento de la conciencia en una relación directamente proporcional. La humanidad está encabezando la evolución, la cual alcanzará su culminación en el punto Omega, cuando una nueva transformación de la conciencia emerja a través de la noosfera.

En el curso del siglo XX, los inventos y los descubrimientos científicos se han incrementado exponencialmente, en parte como resultado del aumento de las interacciones entre los científicos, y en parte porque ahora hay mucho más científicos. La población mundial ha crecido de 1600 millones en 1900 a 6000 millones en 1999, Los nuevos conceptos y las nuevas leyes no han invalidado a los antiguos, pero los han suplantado en un amplio contexto.

A partir de los años sesenta, una dimensión universal se ha sumado a los aspectos dinámicos y holistas de la ciencia y la psicología. El Universo se presenta como una membrana sin costuras. Los patrones y códigos que se manifiestan en la Tierra, son parte de un todo universal que se está revelando. Las fuerzas y los agentes de cambio, que operan dentro de estos códigos y patrones ya existentes, crean además nuevos. Estas fuerzas contravienen consistentemente a la entropía y son de naturaleza autoorganizativa. La ciencia está descubriendo una intencionalidad universal en todo el proceso creativo. Se están reconociendo manifestaciones únicas e impredecibles en contraste con los promedios estadísticos, los cuales son productos de la mente, pero no de la realidad última. En esto convergen los criterios de Bohm, Prigogine y Jung.

El biólogo Harold Morowitz (Nota 6) (Morowitz 2002), de manera similar a Stikker, afirma que para entender los últimos 10 mil años se debe seguir las sugerencias de Teilhard de Chardin. Y argumenta que la emergencia de la mente en los homínidos en el transcurso evolutivo fue tan importante como la emergencia de la vida. Él dice que este punto se refuerza epistemológicamente, al razonar que la mente se globalizó de la misma forma que la vida, se extendió y cubrió el planeta. De la misma forma que la vida dio origen a la biosfera y su integración planetaria, la mente dio origen a la “noosfera” o actividad mental colectiva del homo sapiens.

Como para casi todos los científicos, el concepto de Noosfera  era para Morowitz sólo un término más bien poético. Actualmente él ve la Web como una materialización o concreción de la noosfera con lo que Teilhard, para Morowitz, se convierte en el pensador más visionario.

Asegura Morowitz:

La idea del buscador solitario de la verdad ignora hasta que punto nosotros somos animales sociales con una larga infancia y maduración, con algún grado de independencia. La tecnología, la filosofía y la religión son actividades sociales. La “verdad” en la ciencia depende de acuerdos entre sus practicantes: todos somos parte de la noosfera que está en desarrollo y se espera que la próxima emergencia más allá de la noosfera,  un movimiento de la mente a algo más espiritual.

Según Morowitz,Teilhard habló de dos emergencias, la material y la espiritual, por lo que fue rechazado desde el punto de vista de la termodinámica. Pero en realidad a él le molestaba la idea de dos energías dado que de una forma u otra debe existir una sola energía que opere en el mundo y así lo planteó en su libro El fenómeno humano. De ésta energía única se derivan las energías noética y material.

Respectivamente, las dos energías, mente y materia, se extienden a través de dos capas del mundo (el interior y el exterior) y tienen mucha semejanza en su comportamiento.(Nota 7) Constantemente se asocian y de alguna forma se traslapan. Aunque parece imposible establecer una correspondencia simple entre sus curvas.

Por un lado, sólo una fracción diminuta de energía “física” se utiliza en el más grande ejercicio de la energía espiritual. Por otro lado, esta fracción diminuta, una vez absorbida, resulta, a escala interna, en los más extraordinarios efectos. (Nota 8) (Teilhard de Chardin 1963)

El problema enunciado por Teilhard, según Morowitz, puede ser formalizado de la siguiente manera: si el cambio en la energía libre de Gibbs de un sistema es dividido entre sus partes componentes, puede ser expresado:

∆G = ∆HT∆S

Donde ∆G es la diferencia de la energía libre de Gibbs, ∆H es la diferencia de la entalpía,(Nota 9) T la temperatura y S la entropía.

Continúa Morwits diciendo:  Ahora bien, S es la parte informativa del estado termodinámico del sistema (Nota 10). Es como si la parte de la energía libre de Gibbs pudiera ser dividida entre un componente material y uno mental. Teilhard estaba más cerca de la solución de lo que se imaginó.

E. T. Jaynes en 1957 demostró que en la mecánica estadística la entropía de un sistema era la medida de la información que nosotros obtendríamos si supiésemos en que microestado el sistema se encontraba, empezando con el conocimiento del macroestado, esto hizo que la perspectiva de Teilhard se viese favorecida, debido a la la reconciliación que Jaynes hizo entre la teoría de la información y la mecánica estadística.

Existe en la formulación de Jaynes cierta propiedad noética de la entropía que basada en la información racionaliza el concepto de las dos energías de Teilhard. Él también intuyo algo semi-cuantitativo entre las dos energías como se ve en su anterior cita.

Utilizando la formalización (información) de Jaynes y Shannon se puede calcular que una decisión binaria involucra una energía equivalente a

E = kTln2  

E = 4.14 x 10-21 joules

Donde T es la temperatura absoluta y k es la constante de Boltzmann. Esta es en realidad una minúscula cantidad de energía.

Morowitz no lo aclara, pero la fórmula general debe ser:

E = kTlnW

Donde lnW es el logaritmo natural de los microestados del sistema, 2 en el caso de una decisión binaria.

Surge una incógnita, si k tiene un valor de 1.38066 x 10-23 j x K-1 y el logaritmo natural de 2 es 0.693. entonces Morowitz consideró una temperatura de 433º K =160ºC, pero no dice en que se basó para considerar esta temperatura.

También, de acuerdo con la fórmula que propone resulta que si la temperatura en el tiempo de Planck, o sea en el Big Bang, era de 1032 °C,

entonces:

E = 1.38066 x 10-23 x 1032  x 0.693

E = 1000 000 000 joules

La masa del electrón es igual a

E = 8.0895 x 10-14 joules

Por lo que en el tiempo de Planck se requería de 1.23 x 1022  veces la energía de un electrón para transmitir un bit de información.

Esto conduce a múltiples conclusiones, quizá una de las más importantes es que Morowitz  puede argumentar que si la energía libre operativa en la bioquímica se minimiza es porque la Información requiere cada vez menos de ella, pues lo que se incrementa cada vez más es la transmisión de la Información a través del fenómeno poco conocido llamado sincronía, pero esta discusión queda fuera del alcance de este trabajo

Nosotros creemos que la energía noética no es actualmente susceptible de ser cuantificada. Solo se puede tener un índice relativo de su magnitud a través de un índice relativo de la complejidad, que se obtiene en la termodinámica, si se acepta el principio teilhardiano “La complejidad de una estructura material es directamente proporcional a la Información que contiene.”

La energía noética debe ser una energía “fría” en el sentido que no le son aplicables la leyes de la termodinámica. Éstas surgen con la energía-materia.

Volviendo a Morowitz: En la física, la mente humana ha llegado a ser parte de un formalismo. Una distribución de probabilidad se convierte en un evento al interactuar con un observador humano, y una entropía tiene que ver con la ignorancia del observador humano del microestado del sistema. La energía libre operativa en la bioquímica es la energía libre de Gibbs, la cual se minimiza al maximizarse la entropía del universo. Los cambios en la energía libre de Gibbs involucran cambios en la entalpía o energía normal medida con un calorímetro y cambia a la entropía que tiene que ver con el conocimiento del observador del microestado del sistema. El termino entropía tiene un aspecto mental. En algunas ocasiones Teilhard se refiere a ella como energía espiritual y en otras como mental. En este punto el pudo haberla llamado energía noética mas que energía espiritual. Las dos energías existen tanto para la termodinámica de Gibbs como para la perspectiva teilhardiana.

Teilhard habla del espíritu y va más allá del pensamiento per se y se refiere al espíritu de la Tierra y de lo hiperpersonal. Lo biológico (segunda gran emergencia)  es superado cuando uno busca lo espiritual y va más allá de lo mental (tercera gran emergencia), y se adentra en el dominio de algo más psíquico, el surgimiento formidable de un poder no utilizado.

Existe un sentimiento que va de los teístas a los existencialistas que no ha sido suficientemente entendido.

Los darwinistas rigurosos se preguntan quien seguirá al homo sapiens ¿será algún tipo de homínido más adaptable? En tanto que los lamarckianos se preguntarán que se tendrá que cambiar en nuestra sociedad para lograr lo mejor para la mayoría. Si en realidad nosotros somos lo trascendente de un Dios inmanente, éste es nuestro turno.

 Actualmente se han desarrollado dos conceptuaciones futurísticas. La primera argumenta que la vida basada en el carbono es precursora de la vida basada en el sílice, dado que predominará una inteligencia potencialmente superior, con los humanos eliminados o en un rol secundario.  Esto significa un rompimiento molecular discreto en la vida, aunque no necesariamente un rompimiento en informática y en el manejo de la información. Por supuesto que no se sabe lo que el amor significa para una computadora.

La segunda conceptuación se refiere a un mundo en el cual la ingeniería genética nos ayudará a ser el prototipo deseado de homínidos. Tecnológicamente esto es posible, pero ¿tendremos la sabiduría para evitar consecuencias no previstas? ¿Tendremos claro que tipo de ingeniería humana queremos hacer?

Yo asumo, dice Morowits, que algo nuevo emergerá en la sociedad humana que nos dotará con posibilidades inimaginables en la ciencia y en el arte. Esta emergencia requiere de nuestros esfuerzos y de algo espiritual que vaya más allá de la mente.

Se dará una nueva emergencia y nosotros tendremos que ver en ella. Éste es nuestro destino.

Como se dijo en el inicio, el concepto de noosfera actualmente es objeto de estudio de muchos científicos e intelectuales, como una realidad ineludible que surge sutilmente incluso en teorías de física cuántica, de la cosmología y de las ciencias emergentes.

 

Para terminar esta breve introducción al concepto de noosfera, se recomienda ver el sitio Web del proyecto de la University of Princeton llamado “The GCP” (The Global Consciousness Project). Este proyecto se basa en la siguiente premisa: “La investigación sobre las anomalias de la consciencia nos muestra que podemos tener vías de comunicación directa unos con otros, y que las intenciones pueden tener efectos en el mundo, a pesar de las distancias y las barreras físicas. La evidencia nos obliga a aceptar correlaciones que aún no podemos explicar.”  http://noosphere.princeton.edu/index.html


NOTAS

Nota [1] Teilhard de Chardin utiliza el término Energía Radial, que aquí se evita porque se confunde facilmente con la energía que los físicos llaman radiación.

Nota [2] Howard Bloom, profesor de la New York University miembro de la New York Academy of Sciences y de la Nacional Association of Advancement of Science y fundador del  International Paleopsychology Project, en su libro “Global Brain. The Evolution of Mass Mind from the Big Bang to the 21st Century, Nueva York, John Wiley & Sons, 2000”

Nota [3] Doctor en química orgánica por el Pasteur Institute de París, del cual llegó a ser Director de Investigaciones, trabajó en el MIT como investigador asociado en biología y gráficas de computación y es Director de Estrategia para Science and Industry Complex en París y autor de varios libros, entre ellos ¿Qué es la vida? y The Symbiotic Man. A new understanding of the organization of life and a vision of the future.

Nota [4]  COBB Kreisberg, Jennifer, A Globe, Clothing Itself With a Brain. An obscure Jesuit priest, Pierre Teilhard de Chardin, set down the philosophical framework for planetary, Net-based consciousness 50 years ago. Copyright © 1995 Wired Ventures Ltd.

Nota [5] STIKKER, Allerd, The Transformation Factor (Toward an Ecological Consciousness), Elemental, USA, 1992.

Nota [6] MOROWITZ; Harold J., The Emergence of Everything. How the World Became Complex. Cap. 32, USA, Oxford University Press, 2002.

Nota [7] Ya en el siglo XVII Spinoza consideraba que “El orden y enlace de las ideas es lo mismo que el orden y enlace de las cosas”. De este postulado se puede deducir que el Conocimiento al evolucionar deviene en estructuras informativas más complejas, al igual que las estructuras que lo contienen.  Para Teilhard de Chardin, la evolución es la evolución de la energía radial, la Información. Para Piaget, la evolución es la evolución de las estructuras cognitivas y cómo estas interactúan con la Información. Ahora, la evolución es de la Información y su interacción con las estructuras materiales. Y en la evolución de la Información en una emergencia surge la conciencia. La tesis que sostiene que la Información es la base de la evolución del universo no es nueva. En el libro The Mind and the Brain, se afirma que de acuerdo con la visión de la ciencia hegemónica, que estudia de la parte al todo, tanto los legos como los científicos consideran que el mundo está construido por diminutos fragmentos de materia. Para muchos, esta visión es incorrecta. Ya en 1930, el matemático húngaro John von Neumann desarrolló una versión de la teoría cuántica, en la que postula que “el mundo no esta construido por fragmentos de materia sino por fragmentos de conocimiento…” Sin embargo, esta idea se perdió rápidamente cuando el materialismo triunfó, pero éste  a pesar de haberse impuesto ha sido incapaz de explicar cómo emerge la Información.

Nota [8]  TEILHARD de Chardin, Pierre, El fenómeno humano, Taurus, Madrid, 1963, colección Ensayistas de hoy, no. 32

Nota [9] La entalpía es: H = U + PV

Donde U es la energía interna, P la presión y V el volumen. Un componente interno y otro externo que depende del medio.

Nota [10]  A partir del análisis del “demonio” de Maxwell, Leon Brillouin estableció la equivalencia entre información y neguentropía, llamándole “el principio de neguentropía de la información”. El “demonio”, con su selección, se opone al aumento de la entropía del gas, con lo que adquiere conocimiento. Por lo tanto, neguentropía = información.