El frente de evolución de Teilhard

El frente de evolución de Teilhard[1]

Kathleen Duffy, SSJ, PhD[2]

Chestnut Hill College, Filadelfia (USA)

Resumen

Mientras estuvo en el ejército durante la Primera Guerra Mundial, Teilhard se encontraba en un ambiente muy duro, continuamente en presencia de violencia y muerte. Sin embargo, y esta es la ironía de la cosa, también experimentó un profundo sentido de libertad y un espíritu de total solidaridad con sus compañeros; compartió con ellos un objetivo común y un único fin. Reflexionando sobre esta paradójica atmósfera de lucha y unanimidad al mismo tiempo, Teilhard comenzó a considerar el frente de batalla como la metáfora del frente de la evolución, la frontera que la humanidad está atravesando a medida que avanza hacia niveles más altos de conciencia, una frontera llena de lucha y un espíritu de solidaridad. Actuando bajo el impulso de lo que más tarde llamaría energía radial, Teilhard se sintió obligado a analizar su experiencia y articular su visión en un ensayo titulado "Nostalgia del frente". Este ensayo y otros dos textos escritos poco después permiten de analizar el camino que siguió en su transformación mística personal. Al mismo tiempo, es un estudio del movimiento consciente que lleva hacia adelante toda la humanidad. En "La Unión Creativa”, Teilhard expone el mecanismo del proceso de unificación y en "El Alma del mundo", describe la fuerza que lo mueve.

En esta presentación, yo estudio los principales componentes de la nostalgia de Teilhard, comparándolos y contrastándolos con ciertos aspectos de las teorías científicas del caos y la complejidad, y describiendo las dificultades que surgen con lo que Teilhard llamó más tarde "Super-vida".

En 1914, cuando comenzó realmente la primera Guerra Mundial, Pierre Teilhard de Chardin tenía 33 años. Ya era un sacerdote jesuita que estaba preparando su doctorado en ciencias naturales en la Sorbona, y acababa de comenzar su "tercer año", un período de preparación antes de pronunciar los votos perpetuos en la orden de los jesuitas. Sin embargo, en diciembre de este año, cuando la Junta de Revisión lo declaró "bueno para el servicio", tomó la decisión de participar plenamente en el esfuerzo bélico. Le parecía un deber absoluto. En lugar de seguir una preparación de combate, eligió servir como camillero, un rol considerado el más modesto del ejército. Es cierto que era una posición peligrosa. En el corazón de las batallas, Teilhard recogería a los heridos en la línea del frente para llevarlos a la retaguardia.

El 22 de enero de 1915, Teilhard fue asignado a un regimiento marroquí de infantería ligera y Zuavos (nombre de los miembros de una tribu argelina). La mayoría de estos hombres eran musulmanes, y provenían de diferentes colonias francesas; eran "senegaleses, martiniqueses, somalíes, animitas, tunecinos y franceses"[3]. Los contactos de Teilhard con sus compañeros le dieron la oportunidad de enfrentarse a un mundo más amplio y de aumentar su experiencia de la diversidad[4]. Para no distinguirse de los demás, vestía el color caqui de los árabes, con un Fez rojo. A pesar de sus diferencias de lenguaje y costumbres, los hombres del regimiento adoraron Teilhard y lo llamaron "SiriMarabuto", un término que se aplica a un africano que vive en Francia, cerca de Dios.

Las condiciones que prevalecieron durante sus cuatro años en las filas fueron duras: el frío a menudo era muy vivo, la destrucción y las ruinas que quedaban en el campo por las batallas anteriores estaban presentes en todas partes; le podría pasar deslizarse sobre la arcilla hasta el fondo de una zanja donde se encontrara con el barro hasta las rodillas; y estaba constantemente perturbado y mantenido en alerta por el constante bombardeo de proyectiles de artillería que estallaban lo suficientemente cerca de la trinchera donde se escondía su regimiento. El regimiento al que pertenecía Teilhard estuvo involucrado en las principales batallas de la Primera Guerra Mundial: Ypres, Arras, Verdún, Douaumont, la 2da Batalla del Marne y la contraofensiva final. El 30 de enero de 1919, el regimiento finalmente cruzó el Puente Kehl y entró en Alemania.

Los registros de servicio de Teilhard son ejemplares. Siempre manteniendo la calma, valiente en el fuego, fue citado tres veces en la orden del ejército por haberse portado excepcionalmente y recibió por ello tres medallas: la Cruz de Guerra, la Medalla Militar y la Legión de Honor[5]. Cuando fue ascendido a cabo, rechazó el rango de capellán con el rango de capitán, porque quiso quedarse con sus hombres.

Gran parte de lo que sabemos sobre los pensamientos y experiencias de Teilhard durante la guerra se conserva en el volumen que publica sus cartas de guerra a su prima Marguerite Teillard-Chambon, quien era su verdadera alma gemela. Al leer la introducción de Marguerite a este volumen, está claro que la guerra ha tenido una tremenda influencia para Teilhard. Al confrontarlo con la realidad y el horror de la vida y la muerte, la guerra apresuró su desarrollo interior y le proporcionó un verdadero "bautismo en lo real"[6]. Sin embargo, a pesar de las dificultades y los peligros que le rodeaban, o tal vez debido a ellos, Teilhard vio en el frente de batalla la metáfora del frente de la evolución, donde la humanidad está en su progresión hacia estados de conciencia cada vez más elevados.

El Frente

En una tarde de verano de 1917, durante una pausa tranquila entre los combatientes, Teilhard estaba de pie sobre una colina, observando el área que su regimiento había abandonado recientemente, reflexionando sobre los dos años que acababa de pasaren el ejército. El período que él había vivido le había llenado de sentimientos contradictorios. Su angustia fue grande al pensar en los muchos soldados muertos, a quienes había consolado antes de su muerte. Sin embargo, la unanimidad de espíritu de los soldados de su regimiento era emocionante. Aunque se sintiera aliviado cuando terminó la batalla, al menos por un momento, y feliz por la oportunidad de descansar y quizás escribir, ya le tardaba en regresar al frente. En su ensayo "Nostalgia del frente"[7], comparte con nosotros la visión profunda que el campo de batalla le enseñó, particularmente con respecto al papel de la humanidad en el proceso de la evolución a través de su capacidad para la unión. Mientras observaba el paisaje alterado, imaginó un mundo donde la energía humana terminaría siendo orientada hacia un objetivo mucho más alto que la guerra, para la construcción en lugar de la destrucción, la unificación en vez de una fractura. Las relaciones de Teilhard con los que lo rodeaban lo transformaron. Estaba ansioso por unirse a otros en un objetivo común, y sentía la necesidad de comprometerse con una causa en la que su alma participaría plenamente, un proyecto digno para que él le consagre su vida. Vivió la siguiente experiencia: el grupo de hombres que se desplazan aquí y allá, en el frente, tiene el mismo espíritu y el mismo corazón. Su objetivo es común, vienen a formar un cuerpo. En la solidaridad que Teilhard experimentó con los miembros de su regimiento, reconoció el presagio de una fuerza que, con el tiempo, llevaría a todo el conjunto formado por la humanidad a ser más consciente de su papel en el frente de la evolución y participar más plenamente en el proceso que él llamó "la Unión Creativa" (ensayo escrito en noviembre de 1917).

La verdadera personalidad de Teilhard era la de un científico, un explorador, siempre en busca de lo desconocido y lo nuevo. Ya se había dedicado lo suficiente a la investigación científica avanzada para sentir el parecido de esta primera línea de fuego, con la experiencia del frente de batalla internacional en sus objetivos, compartiendo el mismo proyecto, el mismo lenguaje y un método común, el esfuerzo del científico también requiere un punto central de interés, una unidad de propósito y un esfuerzo conjunto concertado. Para Teilhard, el frente era otro que el de esos raros lugares donde los peligros y las posibilidades no son nada en vista del objetivo que se quiere alcanzar. En el campo de batalla, después de la actividad de la rutina diaria y libre de la esclavitud de las convenciones sociales habituales, podía renunciar a la atención excesiva a sí mismo, su salud y su familia y dedicar toda su energía para el proyecto en curso. Los días, y algunas veces las noches, marcados por la artillería y el fuego de ametralladoras, reemplazaban la regularidad de su vida religiosa. En el frente, nunca estaba seguro de lo que le prepararía el futuro, el lugar y la hora en que se movería su regimiento, no sabía si todavía estaría vivo para saberlo o no.

En sus memorias, Testament of Youth, Vera Brittain, una joven enfermera en Inglaterra durante la Primera Guerra Mundial, tiene la misma visión del frente. Para ella, "el desafío a la resistencia espiritual, la intensa agudización de todos los sentidos, [y] la conciencia estimulante de un peligro común para un propósito común" tienen una atracción que no se encuentra a menudo en otras experiencias Ella concluye que "si no comunicamos, de una forma u otra, el proceso racional de pensamiento y experiencia constructiva de este elemento… que de tanto en tanto glorifica la guerra", nada nunca "salvará" nuestra civilización"[8]. Las letras de Brittain están en perfecta armonía con los sentimientos que Teilhard intentó transmitir en La nostalgia del frente.

Al ser parte de un grupo unido por la cabeza y el corazón, con un objetivo común, "ya no se pertenecía a uno mismo"[9]. En cambio, se formaba parte de una personalidad más grande que uno mismo. Él compartió la esencia de la humanidad. De hecho, como señaló, "algo más vivía en él y lo dominaba"[10]. Esta poderosa visión de la humanidad, donde la preocupación por el otro sería suprema, despertó en él el deseo de facilitar la llegada de un futuro donde la humanidad tomaría conciencia de su unidad natural. Trató de imaginar qué pasaría con el mundo si la humanidad se uniera en torno a una causa común. Se preguntó qué se necesitaría para que los pueblos de la tierra se volvieran uno, para que la humanidad experimentara la unidad del corazón y la mente. Esperaba que la guerra fuera el catalizador de una nueva conciencia global. En una de sus cartas a Marguerite, él le explico como la guerra "mezcló y unió a los pueblos de la tierra de una manera única"[11].

La unión creativa

Poco después de escribir “La nostalgia del frente”, Teilhard desarrolló su teoría de la Unión creativa en un ensayo que lleva este título[12]. Presenta la Unión Creativa como el proceso de unificación según el cual surgen nuevas formas en la naturaleza. Durante sus estudios en física y biología, había notado un patrón válido en todos los niveles de la jerarquía cósmica: estructuras más complejas emergen gradualmente de la unión de estructuras más simples y producen nuevas formas. De hecho, una tendencia a la unión parece ser parte del código del propio tejido del cosmos: los núcleos de hidrógeno se ensamblan en núcleos de helio; los electrones y los núcleos se ensamblan para formar átomos; los átomos se combinan en moléculas; el huevo y la esperma producen un nuevo individuo. Los elementos individuales que se unen no pierden su identidad; más precisamente, en el curso del proceso, se vuelven más ellos mismos ya que, en la interacción, se revelan capaces de ser más. Teilhard solía decir: "La unión diferencia"[13].

La ciencia de la complejidad

Aunque Teilhard no lo sabía en ese momento, su teoría de la Unión Creativa tiene mucho en común con la teoría de la complejidad. Al igual que Teilhard, los científicos de la complejidad creen que la aparición de nuevas formas es fascinante y buscan descubrir los mecanismos que hacen que las entidades unidas resulten “totalidades integradas”. Estudian procesos físicos como la formación de galaxias, copos de nieve y nubes, el comportamiento social de insectos y aves, sistemas biológicos como la red neuronal del cerebro y el sistema inmunitario del cuerpo, e incluso la economía global. Antes de la era de la informática, los científicos no tenían la tecnología para analizar estos sistemas dinámicos y, por lo tanto, no podían entender cómo y por qué la naturaleza se desarrolla y fomenta nuevas formas. El estudio de cómo está emergiendo un complejo sistema de adaptación y cómo continúa funcionando, ha requerido una forma completamente nueva de pensar en el campo científico, y la nueva ciencia de la emergencia, que a menudo se llama ciencia de la ciencia de la complejidad, trata de descubrir esta forma de pensar.

Melanie Mitchell define un sistema complejo como una colección de "entidades relativamente simples [que] se organizan sin la ayuda de un control central en un todo colectivo que crea patrones, usa información, evoluciona y aprende"[14]. Cuando se les aleja del equilibrio, estos sistemas interactúan con el entorno en modos complejos no lineales. Al hacerlo, desarrollan la capacidad de cambiar y producir algo nuevo. Algunas reglas simples a menudo son suficientes para explicar la aparición de nuevos patrones.

En el mundo físico, las transiciones a nuevas formas generalmente ocurren en una atmósfera de inestabilidad y alta energía, en la etapa que los científicos llaman "el borde del caos": el límite crítico entre el orden y la turbulencia donde para un sistema complejo, la comunicación es alta y la creatividad es óptima. Por ejemplo, cuando un sistema de moléculas se comporta de forma coherente mientras se encuentra lejos del equilibrio, cada molécula parece comunicarse con las otras. Son suficientemente inestables y flexibles para cambiar, pero demasiado turbulentas para aterrizar, los sistemas de "el borde del caos" pueden interactuar con su entorno y producir algo nuevo.

En el campo social, Teilhard ha notado que los tiempos difíciles promueven la unión. Pensó que la crisis que estaba experimentando, los trastornos de la guerra, proporcionarían al mundo el ímpetu para seguir adelante. En la naturaleza, cuando una necesidad violenta dirige un sistema de partículas, a veces responden e interactúan de una manera coherente y altamente organizada. Cada individuo acepta un objetivo más grande que él mismo. Debido a que el corazón colectivo / cabeza cerebro que Teilhard llamó la noosfera tiene una capacidad superior a las partículas elementales, y es capaz de predecir el futuro e imaginar resultados, él era optimista. Tenía la impresión de que la situación mundial era lo suficientemente grave como para que la gente reaccionara y estableciera nuevas situaciones sociales y políticas.

Comportamiento cooperativo

Los científicos de la complejidad, que estudian cómo los insectos, los peces y las aves participan en comportamientos colectivos, aprenden mucho sobre los mecanismos en funcionamiento. Los grupos de estorninos son un ejemplo particularmente sorprendente. Una colonia de estorninos vuela como un solo pájaro, se contrae, se ensancha, se eleva y se zambulle en los árboles. Este grupo no tiene un líder. Por el contrario, es un sistema descentralizado en el que el movimiento cohesivo del grupo se crea mediante la interacción entre las aves. Para tratar de comprender la "inteligencia de las colonias", un grupo de investigadores pasó tres años fotografiando y analizando los movimientos de grandes colonias de estorninos que sobrevolaron Roma, Italia[15]. Utilizando programas de vanguardia, determinaron la posición de cada individuo en las tres dimensiones, y con un modelo de computadora, simularon el movimiento de estas aves para estudiar cómo el vuelo de un sujeto en particular, está influenciado por los siete vecinos más cercanos. Y luego los pájaros que están al borde del grupo, tienden a acercarse de los demás. En realidad, este comportamiento hace que los lazos de la colonia sean más fuertes. Así este comportamiento estrecha los enlaces de la colonia, de modo que el grupo tiende a volar como una sola entidad, en la misma dirección. También permite la contracción y la expansión de la forma de vuelo ya que la distancia entre los individuos no es fija[16]. Tomemos unos minutos para observar este comportamiento.

Se encuentra que el comportamiento de la colonia es una estrategia efectiva para la supervivencia del estornino. El movimiento del vuelo y su aspecto compacto lo hacen similar a una gran criatura cuando es atacado por un depredador como el halcón que, de hecho, queda hipnotizado por el comportamiento de la colonia. En este ejemplo, las reglas simples juegan un papel importante en la creación de un patrón complejo de comportamiento que mantiene la capacidad de la colonia para exhibir un entrenamiento en constante cambio con gracia exquisita. Está claro que esta colonia es más que la suma de miles de estorninos; por el contrario, es un sistema dinámico auto organizado que muestra propiedades emergentes. Un comportamiento inteligente emerge de este “todo” que es la colonia.

Un peligro urgente, como escapar de un depredador, lleva a los estorninos a responder e interactuar de manera coherente y altamente organizada. El resultado es que cada ave individual acepta un propósito mayor de lo que es, de modo que la colonia de estorninos se comporta como un solo organismo. Ningún individuo es responsable. En cambio, cada miembro sigue una o dos reglas simples y actúa sobre la información local para producir un comportamiento colectivo complejo. En lugar de estar controlada por influencias externas, la colonia muestra un orden dinámico donde los componentes cooperan para lograr una función unitaria coherente. Este dinamismo es posible porque la motivación que aleja a la colonia del equilibrio la ayuda a obtener acceso a la energía que va más allá de la compensación de la energía disipada, dejando a la colonia con suficiente energía para lograr su función creativa.

La frente de la evolución

Mientras Teilhard examinaba el campo de batalla desde la cima de la colina ese día de septiembre de 1917, imaginaba el punto donde se puede ver el proceso de la evolución como un todo; él vio "el límite final entre lo que ya se ha logrado [por la evolución] y lo que lucha por emerger”. Él se mantenía “al borde del caos” en el punto crítico, y a disposición de la comunidad humana en este momento particular de la historia de nuestra evolución. Siguiendo el “frente de la ola” [que] llevaba al mundo […] hacia su nuevo destino, “disfrutaba” de una visión general de todo [movimiento] hacia delante de la masa humana". Vivía el surgimiento de un "flujo subterráneo de claridad, energía y libertad… que rara vez se encontraba en otras partes de la vida ordinaria"[17]. Imaginaba cómo el proceso de la Unión Creadora podría volverse radicalmente operacional dentro de la raza humana. Más tarde, Teilhard compartió esta visión con un amigo: "El corazón de mi visión […] es tratar de ver en las partículas vivas de los centros de emergencia la totalidad de la fuerza cósmica"[18].

Reflexionando unos años más tarde sobre la agitación de la situación global, Teilhard, como los científicos de la complejidad, lo veía como una importante oportunidad de crecimiento. Así es como lo dijo:

"Echemos un vistazo a la Tierra, ¿qué está sucediendo ante nuestros ojos, en la masa de gente?" "¿De dónde viene este desorden en la sociedad, esta agitación inquieta, estas ondas que se hinchan, estas corrientes que circulan y se unen, estos disturbios, estos brotes formidables y nuevos?  -visiblemente, la humanidad está atravesando una crisis de crecimiento. Es oscuramente consciente de lo que le falta y de lo que puede… Delante de ella, el Universo se vuelve brillante como el horizonte del cual saldrá el Sol, entonces ella presiente, y ella espera"[19].

Acción divina

En su ensayo "La Unión Creadora", Teilhard comparte la fuerza unificadora necesaria para el comportamiento humano cooperativo que imagina, para permitir la transición a una humanidad más madura, con la unificación que, según Teilhard, es el objetivo del proceso de evolución. Él atribuye esta fuerza a la Persona del Cristo Cósmico, que seduce el cosmos, lo atrae y lo impulsa hacia adelante. Como un Atractor Divino, Cristo actúa desde el futuro, constantemente lidera el cosmos para reconocer su posición privilegiada al frente de la evolución y para involucrar, paso a paso, las transformaciones necesarias para una conciencia superior.

En su ensayo "El alma del Mundo”, escrito poco después de "La Unión Creadora", imagina que el alma de la humanidad responde a la fuerza cósmica que es el Cristo Cósmico; es una organización única que tiene la capacidad de comunicarse de una manera altamente sofisticada. Más tarde, llamará a este fenómeno la noosfera.

En el frente, Teilhard tenía la sensación de ser llamado a ser mucho más que un espectador. Por el contrario, sabía que tenía que dar lo mejor de sí mismo, probar la fuerza de su fe, aclarar su visión interna uniéndola íntimamente con las luchas concretas de la humanidad sufriente. De hecho, comenzó a verse a sí mismo como un "individuo que vive la vida casi colectiva de [la humanidad], que desempeña una función mucho más alta que la de un individuo, y que toma plena conciencia de este nuevo estado"[20]. Este era un proyecto tangible digno de toda su dedicación. Lleno de pasión por el futuro desconocido que elegía, para un futuro que solo podía vislumbrar desde lejos, decidió dedicarse sin reservas a la percepción de la voz del Divino Atractor ya la propagación del mensaje de la Unión Creativa dondequiera que estuviera. Se convertiría en uno de esos muchos centros de atracción lo suficientemente conscientes como para catalizar el comportamiento colectivo que sería el signo de un cambio de fase. Esperaba que surgieran muchos más centros para estimular una mayor cohesión. A pesar de que la principal transformación social y política que imaginaba nunca ocurrió durante su vida, aún esperaba que la humanidad algún día estuviera a la altura del desafío. Nunca perdió su fe en la creatividad de los procesos de la Tierra, en la capacidad de recuperación de la mente humana y en la fidelidad del Divino Atractor.


NOTAS

[1] Según Kathleen Duffy's Creative Union & Chaotic Dynamics at the Evolutionary Front, en Seeking Common Ground: Evaluation and Critique of Joseph Bracken’s Comprehensive Worldview de Marc A. Pugliese & Gloria L. Schaab, SSJ (New York: Marquette University Press , 2012), 201-11.

[2] Kathleen Duffy, profesora de la Universidad de Chestnut Hill en Filadelfia, donde enseña física, música, astronomía y dirige el Instituto de Religión y Ciencia. El Coloquio de Reims conmemoró La Gran Guerra en la que el Padre Teilhard participó desde el principio hasta el final. Kathleen Duffy nos habla del “Frente de Evolución” de Teilhard.

[3] Pierre Teilhard de Chardin, Genèse d’une pensée – Lettres 1914-1919 (Grasset, 1997)

[4] Ibid.

[5] Teilhard fue galardonado con las siguientes citas y condecoraciones: al orden de la División: Voluntario para dejar el puesto de socorro para servir en las trincheras del frente. Hizo muestra el mayor espíritu de sacrificio y desprecio por el peligro; a la orden del ejército: modelo de valentía, de espíritu de sacrificio y autocontrol. Del 15 al 19 de agosto, lideró a los equipos portadores de camillas en el lugar infligido por el infierno de fuego y barrido por ametralladoras. El 18 de agosto, se acercó a 20 metros de las líneas enemigas para recuperar el cuerpo de un oficial muerto y lo trajo de vuelta a las trincheras; Medalla militar: oficial fuera del rango de alta calidad. Su carácter de primer nivel le hizo ganar confianza y respeto. El 20 de mayo de 1917, entró voluntariamente en una trinchera sometida a un violento bombardeo para traer de vuelta a un hombre herido; Caballero de la Legión de Honor: Elite Striker que, durante sus cuatro años de servicio activo, participó en todas las batallas y peleas en las que participó su regimiento, pidiendo permanecer en las filas para quedarse con los hombres, con los cuales constantemente compartió los peligros y los tiempos difíciles.

[6] Pierre Teilhard de Chardin, Genèse d’une pensée

[7] Pierre Teilhard de Chardin, Le Cœur de la Matière, Le Seuil 1976.

[8] Vera Brittain, Testament of Youth (London: Virago, 1933), 264.

[9] Pierre Teilhard de Chardin, Genèse d’une pensée

[10] Pierre Teilhard de Chardin, Le Cœur de la Matière

[11] Pierre Teilhard de Chardin, Genèse d’une pensée

[12] Pierre Teilhard de Chardin, Écrits du temps de la guerre, Le Seuil 1976.

[13] Pierre Teilhard de Chardin, L’Énergie humaine, Le Seuil, 1962.

[14] Melanie Mitchell, Complexity: A Guided Tour (New York: Oxford University Press. 2008), 13.

[15] Peter Miller, The Smart Swarm: How Understanding Flocks, Schools, and Colonies Can Make Us Better at Communicating, Decision Making, and Getting Things Done (New York: Avery, a member of Penguin Group Inc., 2010), 163-79.Para ver la video, abre el enlace https://www.dropbox.com/s/5t30wawsjwigla6/Starlings.mov?dl=0

[16] Andrew B. Goryachev, “Belousov-Zhabotinsky Reaction and Pattern Formation in the Distributed Systems.” http://www.biology.ed.ac.uk/research/groups/goryachev/Lectures/L22.pdf (accessed July 28, 2011).

[17] Pierre Teilhard de Chardin, Genèse d’une pensée

[18] Pierre Teilhard de Chardin, Lettres familières de Pierre Teilhard de Chardin, mon ami : les dernières années, 1948-1955, Rédacteur : Pierre Leroy, Le Centurion 1976.

[19] Pierre Teilhard de Chardin, Le Milieu divin, Le Seuil 1957.

[20] Pierre Teilhard de Chardin, Genèse d’une pensée