Einstein, Teilhard De Chardin y la educación

Guillermo Agudelo Murguía
J. Guillermo Alcalá Rivero
(NOTA 1)

El cambio de paradigma al que debe tender la educación se inició  desde el primer cuarto del siglo pasado con personajes como Albert Einstein y Pierre Teilhard de Chardin. Pero se ha estancado debido al desfase que se da entre filosofía, ciencia y tecnología. El eminente matemático y astrónomo Simon Newcomb, “demostraba” que aquello que pesase más que el aire no podría volar. Sin embargo, dos reparadores de bicicletas, los hermanos Wright, probaron que estaba equivocado. Rutheford y Millican demostraron que jamás se podrían aprovechar las reservas de energía del núcleo atómico, para contradecirlos estalló la bomba de Hiroshima. La ciencia enseñaba que una masa de aire homogéneo no puede separarse en aire caliente y frío. Hilsch demostró que basta con hacer circular aquella masa por el tubo apropiado para lograrlo. Como se puede apreciar en los casos antes citados, muy frecuentemente, la técnica no es aplicación práctica de la ciencia. Por el contrario, se desarrolla contra la ciencia. Esto se da gracias a que en algunos individuos se manifiesta un sentido común no contaminado por dogmas del paradigma científico vigente.

Oppenheimer declaró: “Actualmente, se vive en un mundo en que los poetas, los historiadores, los filósofos, se enorgullecen diciendo que no admiten siquiera la posibilidad de aprender cualquier cosa referente a la ciencias; ven la ciencia al final de un largo túnel, demasiado largo para que un hombre inteligente meta la cabeza en él. Nuestra filosofía, si es que hay una, es, pues, totalmente inadaptada a nuestra época.”

Stephen Hawking afirma que existe un problema grave para comprender el universo, ya que los filósofos, quienes deberían encargarse de esto, carecen de la preparación científica suficiente, por lo que no están actualizados en los últimos adelantos de las teorías científicas. Todo lo que los filósofos aportan se limita a adjudicar membretes y clasificar forzadamente a los científicos que se encargan de los avances de la ciencia.

Karl Popper, plantea que existe una atmósfera general  no racionalista en contra de las normas dialécticas que deben regir toda discusión científica, actitud que debe ser combatida por todo pensador no dogmático.

De estas dos posiciones, aparentemente antagónicas, se desprende que ciencia y filosofía no deben seguir separadas. Albert Einstein y Teilhard de Chardin deben dejar de ser ejemplos aislados para convertirse en antecedentes de toda una corriente rica en científicos-filósofos o filósofos-científicos.

Ernst Mach llevó a cabo un cuidadoso análisis del significado del espacio-tiempo, mismo que movió a Einstein a declarar: “En mi caso, el tipo de pensamiento crítico que se requirió para el descubrimiento de este punto central demandó más estudio, especialmente con la lectura de los escritos filosóficos de David Hume y Ernst Mach.” No se puede presentar un argumento más persuasivo para legitimizar el papel que tiene la filosofía en la física.

La física no consiste sólo en investigación atómica, la ciencia no consiste sólo en física y la vida no consiste sólo en ciencia. El propósito de la investigación atómica es encajar el conocimiento empírico que se obtenga en nuestro otro pensamiento.

Existen señales que anuncian la presencia de una nueva filosofía del conocimiento. La ciencia busca demostrar la existencia de leyes profundas que lleguen hasta el corazón de las cosas, leyes que no estén en discordancia entre sí sino que estén armoniosamente mezcladas en un paquete.

La ciencia en este momento está lo suficientemente madura para permitir la resurrección de la metafísica, no como una consecuencia de una prueba sino de una convicción, como una expresión de esperanza y estímulo para los filósofos del futuro.

Los físicos deben preocuparse no sólo de construir teorías ingeniosas y su concordancia con datos experimentales, sino con su viabilidad para ser absorbidos por la cultura general del ser humano. La ciencia no debería ser más un soliloquio. Su valor residiría en el simple hecho de estar dentro de su entorno cultural al entrar en contacto con todos aquellos quienes están, o en el futuro estarán, comprometidos con la promoción de la cultura.

Una ciencia teórica en la que los iniciados continúen hablándose en voz baja, en términos que, en el mejor de los casos, sean entendidos por un pequeño grupo de iniciados, será cercenada  del resto de la humanidad y a la larga estará condenada a atrofiarse y osificarse”

  Ahora bien, la tecnología en realidad no necesita de la ciencia, es más bien producto del sentido común y la intuición. La tecnología ha progresado exponencialmente mientras que la ciencia se ha estancado. Los científicos que investigan temas profundos como el origen de la vida, del universo e incluso del ser humano, cada día cuentan con menos apoyo financiero de los gobiernos y menos aun de instituciones privadas. Todos ellos, se quejan de esto. Se sostiene que por cada científico que estudia el origen de la vida hay 15 mil estudiando la superconductividad. La clonación y las terapias génicas están basados en la tecnología y en la mayoría de los casos las aplicaciones de los experimentos evaden las consecuencias que a mediano o largo plazo puedan producir en la vida en la Tierra.

En una sociedad donde el conocimiento tecnológico avanza a pasos agigantados impulsado por la codicia, la ciencia y la filosofía apenas gatean. A propósito de los personajes que este Congreso honra, podemos decir que Einstein y Teilhard de Chardin tenían razón cuando afirmaba que debemos cambiar la manera de educar e investigar.

Haciendo eco del objetivo del evento, proponemos que ciencia y humanismo se enseñen en conjunto si su perspectiva es la de perdurar evolucionando en este siglo, para lo cual tendrán que abrirse al pensamiento de estos dos sobresalientes personajes

Deseamos que lo hasta aquí expuesto haya sido suficiente para explicar la problemática a la que se enfrenta la humanidad para llegar a una comprensión más cabal de su situación en el cosmos. El divorcio entre ciencia y filosofía iniciado por Aristóteles y remachado por Kant y sus seguidores ha dado lugar a toda esta problemática.

Los centros educativos deben sumarse a esta corriente que propone conjuntar ciencia y filosofía en la preparación de profesionales que estén capacitados para “construir la Tierra” como lo pidió Teilhard de Chardin.


(NOTA 1) Presentado en el Congreso Internacional. La Ciencia y el Humanismo en el Siglo XXI: Perspectiva, Instituto de Investigación sobre la Evolución Humana A.C.-Universidad Iberoamericana, Ciudad de México,  marzo de 2005.