El progreso de la humanidad es compatible con la evangelización del mundo

El progreso de la humanidad es compatible con la evangelización del mundo

Primera traducción al castellano de un texto polémico de Pierre Teilhard de Chardin

 

            En el año 1965, diez años después del fallecimiento de Pierre Teilhard de Chardin (1882-1955), apareció publicado dentro del volumen Écrits du temps de la Guerre (Éditions Bernard Grasset) el ensayo “Note pour servir à l´évangélisation des temps nouveaux”, escrito en 1919. Sin embargo, en la edición castellana de este volumen, Escritos del tiempo de guerra (Madrid, Taurus, 1967), este ensayo está ausente. Es más: se han omitido las alusiones al mismo que se encuentran en las introducciones de la edición francesa. ¿Por qué se ha omitido este ensayo? Parece ser que es una ausencia deliberada para ocultar las ideas de Teilhard que podían ser peligrosas para algunos lectores. Presentamos algunos textos significativos.

Por Leandro Sequeiros

            En junio de 2017, con ocasión de la Feria del Libro de Madrid, se ha hecho la presentación de una nueva edición de algunos de los primeros escritos que conservamos procedentes de la mano de Pierre Teilhard de Chardin. Durante la primera Guerra Mundial los fue enviando en cuadernos sucesivos a su prima Margarita Teillard-Chambon con la que tuvo una densa correspondencia.     

Con el título genérico de “La Vida cósmica. Escritos del tiempo de la guerra (1916-1917)”, este nuevo volumen incluye los siete primeros ensayos de Teilhard de Chardin, escritos entre 1916 y 1917, desde el frente de batalla. Posiblemente escribió muchas más reflexiones, pero las contenidas en este libro han llegado hasta nosotros gracias a que los borradores se los hizo llegar a su prima Margarita en estos años cruciales para él.

Durante el año 2015 se publicaron en la revista digital Tendencias21 de las religiones tres artículos sobre el jesuita científico y místico Pierre Teilhard de Chardin con ocasión de los 60 años de su fallecimiento. Dos de ellos se referían a la vigencia de su pensamiento (13 de enero de 2015, y el 7 de abril  de 2015) y el tercero se refiere al debate sobre la vigencia de su pensamiento dentro del foro de la revista.

            Durante el año 2016 recordamos en esta misma revista digital, con el título “se cumplen 100 años del despertar del genio de Teilhard de Chardin”, el centenario de la redacción de diversos escritos de Teilhard originados en un contexto terrible: el de las trincheras francesas contra los alemanes durante la llamada Primera Guerra Mundial. Teilhard fue movilizado y debido a su condición de sacerdote fue destinado a una unidad sanitaria como camillero.

            Durante estos años preñados de metralla, odio, dolor y violencia su interior se transforma. Emerge lo que se ha dado en llamar el “genio teilhardiano”. De su pluma van brotando ensayos, pensamientos, versos, relatos apasionados. Muchos autores, como el profesor Alfonso Pérez de Laborda, han indagado en las razones de este “despertar” volcánico.

Teilhard fue un escritor fecundo. Muchos de sus manuscritos se han perdido. Pero hasta nosotros han podido llegar –gracias a su prima Margarita Chambon- tres ensayos escritos en 1916 y publicados en sus obras en la edición francesa y se presentan ahora con una traducción revisada. Son estos: “La Vie Cosmique” (firmado el 24 de abril) [en el volumen 12 de las Oeuvres de Teilhard, pág. 19-81] seguido por “Note à La Vie Cosmique” (17 de mayo) [12, 81-82], “La Maîtrise du monde et le regne de Dieu” (20 septembre) [12, 87-105], y “Le Christ dans la Matière. Trois histoires comme Benson” (14 octubre) [12, 113-127].       Del año 1917 se conservan cuatro ensayos: “La Lutte contre la multitude” [12, 129-152], “Le Milieu mystique” [12, 153-192]. “L´Union créatrice” [12, 193-224], y “La Nostalgie du front” [12, 225-241]

Todos ellos se contienen en el volumen recién publicado y que aquí comentamos “La Vida cósmica. Escritos del tiempo de la guerra (1916-1917)”.

 

Teilhard y sus escritos en el frente de batalla del norte de Francia

            En abril de 1916, mientras en el frente de batalla de Francia actúa heroicamente como camillero, Pierre Teilhard de Chardin (1881-1955) escribe a mano, en un sencillo cuaderno que envía a su prima Margarita, el primer ensayo de cierta entidad en el que se expresa barroco, místico y desbordante el “genio teilhardiano”.

Parece que el “bautismo de lo real” –como él mismo escribe- hizo que en su interior se desencadenasen unas misteriosas energías capaces de revolucionar su mente. Y tuvo la capacidad inmensa de intentar plasmar en un brillante francés las vivencias más hondas de su alma de poeta místico y científico.

            En la introducción a un ensayo posterior, “El dominio del mundo y el reino de Dios” (firmado el 26 de septiembre de 1916) reconoce que “al escribir La Vida cósmica he pretendido llamar la atención sobre la posibilidad de una sana reconciliación entre Cristianismo y Mundo, sobre el terreno de la prosecución leal y convencida del Progreso, en comunión sincera con una fe en la Vida y en el valor de la Evolución”.

Los siete ensayos de Teilhard de Chardin incluidos en este volumen, al que hemos denominado La Vida Cósmica, Escritos del tiempo de la guerra (1916-1917) fueron escritos en el frente de batalla durante la primera guerra mundial entre 1916 y 1917. Forman parte del grupo de 20 ensayos escritos entre 1916 y 1919 publicados en francés en Écrits du temps de la guerre. En este momento se prepara por parte de la Editorial Trotta de la edición del segundo volumen al que se ha dado el nombre genérico de La Gran Mónada. Escritos del tiempo de la guerra (1918-1919). La editorial ha preferido separar en dos volúmenes diferentes estos ensayos por una razón: al incluir en nuestra edición las mutilaciones que sufrió la primera, el volumen resultaría excesivamente extenso y los nuevos lectores iban a encontrarse ante un texto demasiado largo.

 

Algunos rasgos biográficos de Teilhard de Chardin

            Pero recordemos algunos rasgos de su biografía: Marie-Joseph Pierre Teilhard de Chardin nace el 1 de mayo 1881 en la casa solariega de la familia en Sarcenat, cerca de Orcines (Puy-de-Dôme). Era el cuarto de los hijos de Emmanuel Teilhard de Chardin y Berthe-Adèle de Dompierre d´Hornoy. Una familia muy religiosa y bien establecida. Una selección de datos nos ayuda a centrar su figura.

            En el año 1899, ingresa (con 18 años) en el noviciado de la Compañía de Jesús en Aix-en-Provence.  Posteriormente realiza estudios de filosofía en Jersey y entre 1905-1908 ejerce como profesor de química en el Colegio de la Sagrada Familia en El Cairo. Más tarde, entre 1908 y 1932 realiza sus estudios de Teología en Ore Place (Hasting, Sussex). En 1911 es ordenado sacerdote y sus superiores lo destinan a estudiar ciencias en París.

            Podemos considerar que, entre 1912 y 1923 se desarrolla la etapa inicial de la formación científica de Teilhard y de la publicación de los primeros trabajos geológicos y paleontológicos en Europa. En 1912 tiene lugar la primera entrevista con Marcellin Boule, profesor de paleontología en el Museo de Historia Natural de París. Bajo su dirección, asiste a cursos de Geología y Paleontología.

            Al estallar la Primera Guerra Mundial Teilhard, a pesar de su condición de sacerdote, fue movilizado. Desde 1915 actúa como camillero en el 21 regimiento mixto de zuavos y tiradores, situado en la primera línea de fuego. En octubre de 1918 goza de una especie de vacaciones muy cerca de la Alta Alsacia y de la frontera suiza. A la noticia del armisticio, el regimiento se mueve hacia Alsacia y una delegación del 4º mixto de zuavos y tiradores asiste, el 25 de noviembre de 1918, a la memorable entrada en Estrasburgo. El 30 de enero de 1919, el regimiento penetra en Alemania, en Baden, por el puente de Kehl. Para Teilhard, la guerra ha terminado. Teilhard está en el frente de batalla hasta 1919 en que es desmovilizado.

 

El texto de “Nota para servir a la evangelización de los tiempos nuevos”

El texto del ensayo “Nota para servir a la evangelización de los tiempos nuevos” fue redactado en Estrasburgo en 1919 inmediatamente después de “Forma Christi” (23 de diciembre de 1918) [Pierre Teilhard de Chardin. “Forma Christi”. En: Escritos del tiempo de guerra. Taurus, Madrid, 1967, 367-391]. En la edición francesa está en su lugar, pero fue eliminado de la edición española de Taurus, tal vez debido a sus ideas heterodoxas para la época. Según parece, al volver a copiarlo (el manuscrito que fue usado no contiene ninguna supresión), el padre Teilhard lo ha fechado en el día de la Epifanía de 1919. De hecho, el trabajo parece no haber sido puesto a punto más que unos días más tarde.

En una carta a Margarita de unos días antes, el 5 de enero de 1919 desde Estrasburgo, podemos encontrar una pista sobre el origen de su reflexión. En ella alude a una entrevista de Teilhard en Colmar con “el excelente Emm. de Margerie”. Emmanuel Jacquin de Margerie, nacido en 1862, fue un famoso geólogo francés que en 1919 era presidente de la Sociedad Geológica de Francia. Aunque, según escribe Teilhard, “acerca de las posibilidades de progreso abiertas a la especie humana, me ha parecido terriblemente escéptico” [Génesis de un pensamiento, pág. 326-327] ¿No estará aquí el origen de este ensayo? La conversación con de Margerie, ¿no pudo suscitar el Teilhard el deseo de formular sus ideas sobre la presencia de los cristianos en la sociedad?

Y unas líneas más abajo encontramos un texto que supone su postura: “Tengo confianza en que Nuestro Señor me guía. – Lo que cada vez me parece más evidente, es que no sabré llevar el Evangelio más que “a los que buscan”, y solamente predicándoles que “sigan buscando”. [Génesis de un pensamiento, página 327]

Pero hay más datos sobre la historia de su gestación. El autor escribió el 8 de enero de 1919 desde Estrasburgo a su prima Margarita Teillard-Chambon:

“Me he retrasado un poco contigo a causa de la redacción de mi pequeño “Manifiesto” que hoy está casi terminado. Hay por aquí y por allá palabras un poco crudas, pero no creo haberme apartado de una absoluta sinceridad ni de un dominante amor a la Iglesia que es la única que nos garantiza la alegría de poseer a Nuestro Señor. Mi objetivo es, ante todo, hacerme comprender por los amigos, por tanto he buscado, sobre todo, ser franco y claro” [Pierre Teilhard de Chardin. Carta a Margarita de 8 de enero de 1919. Génesis de un pensamiento. Taurus, Madrid, 1966, pp. 328-329].

A continuación le cuenta su proyecto de enviar su trabajo al Padre Léonce de Grandmaison; pero esta vez no es con vistas a la publicación en  Études ni en Recherches de science religieuse:

“Confío en él para guiarme, para sugerirme métodos prácticos (si hay lugar) y también influir oportunamente en las decisiones de mis superiores. Hay que pedir siempre, ¿No es así?” [Pierre Teilhard de Chardin. Carta a Margarita de 8 de enero de 1919. Génesis de un pensamiento. Taurus, Madrid, 1966, pp. 328-329]

El padre Léonce de Grandmaison fue compañero, superior y amigo de Teilhard. En agosto de 1908 fue nombrado superior de la Casa de Escritores de París y director de la Revista Études, de reflexión entre razón y fe de los jesuitas franceses.

Y de nuevo, el 11 de enero escribe Teilhard a Margarita: “En cuanto a la Nota para el apostolado la envié ayer al P. de Grandmaison con una carta muy franca (…) Creo que es preferible ser franco en una exposición que representa, en suma, una apertura de conciencia. Antes de enviarlo a otros preferiría esperar la aprobación del Padre Léonce” [Pierre Teilhard de Chardin. Carta a Margarita de 8 de enero de 1919. Génesis de un pensamiento. Taurus, Madrid, 1966, pp. 330]

Se trata, pues, de un texto confidencial. En cuanto al contenido, parece bastante más cercano al de “El domino del Mundo”. El mismo tema será obsesivamente retomado por el padre Teilhard sin sustanciales modificaciones, a todo lo largo de su existencia, principalmente en la “Réponse a l´enquête de la vie intelectuelle” sobre la incredulidad moderna (1933) [Publicado en castellano como “La incredulidad moderna”. En: Ciencia y Cristo. Taurus, Madrid, 1968, pág. 137-141. Se trata de la contestación de Pierre Teilhard de Chardin a una encuesta de la revista La Vie Intellectuelle, el 25 de octubre de 1933], en “Reflexions sur la conversión du monde” (1936) [Publicado en castellano como “Algunas reflexiones sobre la conversión del mundo”. En: Ciencia y Cristo. Taurus, Madrid, 1968, pág. 143-152], en “Parole atendue” (1941) [No traducido al castellano. Ver: https://www.abebooks.fr/Cahiers-Pierre-Teilhard-Chardin-Parole-attendue/5238331497/bd], en “Coeur du probleme” (1949) [Publicado en castellano como “El Corazón del problema”. En: El Porvenir del Hombre. Taurus, Madrid, 1769, pág. 321-332]. La “fe en el Mundo” que él quisiera ver mejor acogida por aquellos que tienen autoridad en la Iglesia, tomará para él, cada vez más nítidamente, la forma de una fe impulsora hacia la vanguardia..- Ver también “La Foi en l´homme” (enero 1947; “Oeuvres”, t. V. p. 235-243) [Publicado en castellano como “Fe en el Hombre”. En: El Porvenir del Hombre. Taurus, Madrid, 1769, pág. 225-234]; “Conference a la reunión internationelle S.J. de Versailles” (agosto 1947) [Publicado en castellano como “Sobre el valor religioso de la investigación”. En: Ciencia y Cristo. Taurus, Madrid, 1968, pág. 229-235. Se trata de una ponencia presentada por Pierre Teilhard de Chardin el 20 de agosto de 1947, durante una semana de estudios organizada por la Compañía de Jesús en Versalles].

Para terminar esta introducción histórica, hacemos una observación curiosa: en el texto castellano de Taurus, en el texto introductorio a “La Tierra prometida” (pág. 401), leemos: “Poco después de haber acabado su “Nota para servir a la evangelización…”, el P. Teilhard marchaba de permiso…”. Este detalle se les ha escapado, pues el texto de la nota no figura en la traducción castellana.

 

El texto inédito en castellano del ensayo de 1919 de Pierre Teilhard de Chardin “NOTA PARA AYUDAR A LA EVANGELIZACION DE LOS NUEVOS TIEMPOS”

            El texto del ensayo “Nota para ayudar a la evangelización de los nuevos tiempos” de Pierre Teilhard de Chardin, escrito en 1919 en Estrasburgo, en las últimas semanas de la primera Guerra Mundial, fue publicado en la edición francesa de Écrits du temps de la guerre. Pero tal vez por razones de autocensura debido a algunas formulaciones que podrían resultar heterodoxas, no se incluyó en la traducción castellana de Taurus.

La traducción ha corrido a cargo de Enrique Muñoz Plaza y de Leandro Sequeiros, de la Asociación de Amigos de Teilhard de Chardin (sección española). La primera versión de esta traducción en castellano fue publicada como “Teilhard de Chardin en Escritos del tiempo de guerra” en la página web de la Asociación de Amigos de Teilhard de Chardin. Y próximamente verá la luz en el volumen titulado: Teilhard de Chardin. La Gran Mónada. Escritos del tiempo de la guerra (1918-1919) (Trotta Editorial).

            Anticipamos aquí algunos párrafos significativos.

 

Advertencia de Teilhard

            El ensayo de Teilhard se inicia con lo que denomina “Advertencia”. Escribe: “Hoy en día ¿existe, y voy a demostrarlo, un movimiento religioso natural en el que hay cristianos, sacerdotes, -y pensemos que también nosotros-, que esté llamado a influenciar, para sobrenaturalizar (que es en lo que consiste propiamente la conversión de la Tierra), en el que es absolutamente necesario que participemos, –non verbo tantum, sed re – en su impulso, en sus inquietudes y en sus esperanzas?”.

            Teilhard quiere clarificar desde el comienzo que va a poner voz a un movimiento religioso natural (por tanto, no solo cristiano) que considera que en el corazón del esfuerzo humano existe una semilla sobrenatural. Es lo que más tarde Teilhard denominará la divinización del esfuerzo humano.

            Tendrá que demostrar que existe ese movimiento religioso natural, y posteriormente deberá describir los rasgos de ese proyecto de encontrar la semilla divina en el corazón del esfuerzo humano.

El ideal divino moderno

            En una primera parte, Teilhard describe –tal vez con rasgos demasiado optimistas – los rasgos de lo que llama “el ideal divino moderno”. Escribe: “El movimiento religioso profundo de nuestra época me parece que se caracteriza por la aparición (en la conciencia humana) del Universo – concebido como un Todo natural más noble que el Hombre, – y por ello, para el Hombre es equivalente a un Dios (acabado o no)”.

            Y prosigue: “Sin saber aún dar un Nombre correcto al gran Ser que toma cuerpo para él  y por él en el seno del Mundo, el Hombre moderno sabe ya que solo adorará a una divinidad si esta posee ciertos atributos mediante los cuales la reconocerá. El Dios que nuestro siglo espera, debe ser: 1º Tan vasto y misterioso como el Cosmos, 2º tan inmediato y envolvente como la Vida,  3º Tan ligado (de cualquier forma) a nuestro esfuerzo como la Humanidad. Un Dios que hiciera el Mundo más pequeño o menos interesante, un Dios al que nuestro corazón y nuestra razón encontraran menos hermoso de lo que esperábamos no será nunca aquel ante el cual la Tierra se arrodille”.

            Y prosigue con una afirmación que puede sonar muy dura a los creyentes de su época: “No nos engañemos. El Ideal cristiano (tal como se describe normalmente) ha dejado de ser,- de lo cual nos ufanamos un poco ingenuamente-, el Ideal común de la Humanidad. Si los humanos quieren ser sinceros, deberán confesar, cada vez en mayor número, que el Cristianismo les parece invenciblemente inhumano e inferior, tanto por lo que se refiere a sus promesas de felicidad individual como a sus máximas de renunciamiento. Vuestro Evangelio, dicen, tiende a hacer que las almas se interesen en sus ventajas individuales, egoístas… – desinteresadas en el trabajo común, por tanto, a nosotros no nos interesa…”

El evangelio del esfuerzo humano

       Expuestos estos principios generales que fundamentan su programa de acción, Teilhard apunta estratégicamente las dos fases que debe transitar un proyecto de evangelización de los nuevos tiempos: Escribe: “El apostolado particular que propongo – y que apunta a santificar, no ya solamente una nación o categoría social sino al eje mismo del empuje humano hacia el Espíritu, comprende dos fases distintas: una, natural, que sirve para la introducción a la fe cristiana; la otra, sobrenatural, donde se desvelan las extensiones de la operación terrestre”.

       Veamos los puntos fundamentales de ambas: “1) Durante una primera fase de iniciación, creo que sería necesario desarrollar – en los que creen en Jesucristo tanto como en los que no creen – una mayor conciencia del Universo como ambiente- y de nuestra capacidad de acción sobre su desarrollo”. Y prosigue más adelante: “Más allá de las asociaciones limitadas y precarias realizadas entre las naciones, alianzas, grandes uniones económicas o científicas, opino que es cristiano (“cristianorum est…”) educar a los hombres en la idea de algún Esfuerzo humano, único y específico, que agruparía todas las actividades, no solamente con un sentido defensivo (como se ha visto en algunos momentos durante la guerra) sino también en la persecución positiva de un Ideal supremo, -Ideal que no dejaría de precisarse con nuestros esfuerzos convergentes y pacientes hacia más Verdad, Belleza y Justicia.(…) Y, en este terreno, estaríamos, nosotros los cristianos, totalmente asociados con la parte más noble y viva de nuestros contemporáneos, cualesquiera que fuesen sus convicciones religiosas”.

       Pasemos ahora a lo que denomina la “fase sobrenatural”: “2) En una Humanidad sensibilizada de tal forma y unificada por la espera religiosa de alguna alma del Mundo, la Revelación puede llegar a insertarse. La fase propiamente cristiana, “esotérica”, de la Evangelización del “Esfuerzo Humano” consistiría (según mi idea) en presentar a Jesucristo a los Hombres cómo el Término mismo, entrevisto por ellos, del desarrollo universal, no pudiendo ellos (a causa de la sobrenaturalización del mundo) ser consumados más que en su Unidad – teniendo necesidad, para alcanzar su plenitud, de enraizarse en la totalidad de cada uno de ellos”.

       Aparece ahora una formulación que se madurará más en “La Misa sobre el Mundo”: “Hay verdaderamente una palabra secreta, que explica toda la Creación, que, permitiendo sentir a Dios en toda acción y en toda pasión (Dios creando en todas partes y naciendo en todas partes), es capaz de santificar nuestra generación… que la oye para que el Universo aparezca como las Especies universales donde, – según modos infinitamente diversos, pero reales – el Cristo se encarna por la acción combinada de los determinismos, las libertades y la gracia. Y esta palabra es: Hoc est corpus meum”.

     Y describe el contenido teológico: “La “consagración” universal, la comunión universal, es decir, la convergencia posible de todos los esfuerzos creados (opus et operatio) hacia Dios y su adopción en la realidad final del Cristo – es lo que debemos mostrar a los hombres de nuestra época si queremos que vayan hacia Dios y que vayan ex toto corde suo”.

La atracción celeste y terrestre

          Una de las intuiciones de Teilhard que en su tiempo (estamos en 1919) resulta más revolucionaria teológicamente es la integración de lo celeste y lo terrestre, de lo divino y de lo humano, de la gracia y del esfuerzo humano. “El argumento decisivo que convencerá al Mundo de la realidad de nuestro Dios consistirá en mostrar la conjunción de las dos atracciones, celeste y terrestre, realizada en una vía plenamente humana, porque es plenamente cristiana.       Después de haber meditado y predicado para nosotros el Evangelio del Esfuerzo humano, es preciso que lo practiquemos, es decir, que demos con nuestra conducta el ejemplo de lo que puede hacer en el Hombre la pasión del Mundo transformada por el amor de Jesucristo”.

      Teilhard propone dos tesis de gran calado espiritual y transformador: “1) Ante todo, creo que, para un cristiano, es una vocación santa, sacerdotal, esencial para la Iglesia, mezclarse, por pasión por el Cristo, para alcanzar el Cristo a los Trabajadores de la Tierra (…)  Puede ser que muy pronto serán multitud los que comprenderán que un sacerdote, como sacerdote, puede dedicarse a la Ciencia o a la Sociología – y que en ellas puede estar cumpliendo su función sacerdotal en la misma medida que especializándose en ritos fúnebres”.

     Esta frase tiene un valor irónico y va destinada a los que en su regimiento en el frente de batalla acudían a él sólo para enterrar a los muertos. Pero pasemos a la segunda tesis: “2) La creencia en la santidad del Esfuerzo humano que hemos comprobado en nuestra necesidad de ser en nombre de nuestro Cristianismo, los primeros en despertar la Tierra, hará que permanezcamos fieles en el ámbito propio de las verdades religiosas (…) He aquí por qué una iglesia que, por imposible, no buscara en cada instante a su Dios como si pudiera perderlo (iba a decir como si aún  no lo tuviera) sería una iglesia muerta, completamente disuelta en medio del Pensamiento humano”.

La tarea futura del pensamiento teológico

           Después de esta crítica a la Iglesia de su tiempo, prosigue: “En este momento (y esta conclusión resalta claramente, creo yo, en las páginas que preceden) el gran trabajo que se impone a la Teología, es precisamente no dejar que se eclipse la estrella de Belén por el nuevo astro, el Mundo, que se eleva sobre la Humanidad –  En todas las ramas de la ciencia sagrada ha llegado el momento de escrutar, mediante el estudio y la razón, la región en que el Cosmos entra en contacto con Dios”.

        Desde su perspectiva, y dadas estas premisas, Teilhard hace propuestas concretas a aquellos que se dedican profesionalmente al los estudios teológicos: “a) En Dogmática, sería preciso que nuestros doctores, después de haber analizado por tanto tiempo las relaciones divinas “ad intra”, abordasen finalmente, con simpatía, el estudio de las relaciones ad extra que subordinan el Universo a Dios. Esto es algo que el pensamiento moderno exige imperiosamente – y la persistencia de un pensamiento herético en esta dirección es el signo de una profunda inquietud humana profunda que necesita ser satisfecha”. En definitiva, Teilhard postula una reelaboración de la Teología de la Creación. Pero va más adelante en su propuesta a los teólogos:

      “b) En Moral, supongo que ha llegado el momento de buscar qué armonías presentan las virtudes cristianas con las direcciones experimentales del progreso humano; – como, por ejemplo, la función “física” de la Caridad en la formación del Cuerpo de Cristo o cual es el papel de la Castidad en la espiritualización del alma…El amor ( ) es el fondo de las preocupaciones del Hombre, su salvación o su perdición, el envoltorio quizás de todos nuestros grandes deseos. No es increíble que, después de siglos de ser criticado y refrenado por nuestros autores, nadie haya retomado el trabajo de Platón y se haya preguntado de donde viene la pasión y a dónde va, que es lo que hay de malo o caduco en ella y, por el contrario, que es lo que debe ser cuidadosamente alimentado en su dinamismo para transformarla en amor a Dios”.

          Este problema que ya era el de “El Eterno femenino” [1918, en Escritos del tiempo de guerra, Taurus, Madrid, 1967, pág. 281-294] será abordado otras veces: “El Espíritu de la Tierra” (1931) en La Energía humana, pág. 21-51); “Esbozo de un Universo personal” (1936), en La Energía humana, pág. 59-100; “El Fenómeno espiritual” (1936, En La Energía humana, pág. 101-136; “La Energía humana” (1937, en La energía humana, pág.123.176); “El Atomismo del espíritu” (1941, en La activación de la Energía, pág. 25-61)… – Se destaca que la palabra “transformado” se interpreta como una equivalencia entre transformación y sobrenaturalización.

        Sobre este tema, está en preparación un volumen inédito de Eleuterio Elorduy sj que ha sido encontrado en sus archivos: “Dos ideales de amor: Suárez y Teilhard”, fechado en 1967 [Archivo Elorduy, Universidad Loyola- Andalucía, siglado como AS-E.6] y en el que hay bastantes citas del ensayo de Teilhard que aquí estamos comentando.

          Anticipándose muchos años a la ética social, global y ecológica, Teilhard propone una perspectiva más extensa de la Moral universal, cuando escribe: “Por otra parte, debido a las organizaciones cada vez más vastas que se vinculan (o se descubren) en el Mundo, se está formando una nueva categoría de deberes que deben situarse junto a los antiguos mandamientos. La Moral, hasta ahora, ha sido sobre todo individualista (de individuo a individuo). A partir de ahora es preciso tener en cuenta, más explícitamente, las obligaciones del hombre frente a las colectividades e, incluso, frente al Universo: deberes políticos, deberes sociales, deberes internacionales, — deberes cósmicos, (podríamos decir), y en primera fila de los cuales se encuentra la Ley del Trabajo y de Búsqueda…” Y concluye: “Un nuevo horizonte de responsabilidades se abre ante nuestros contemporáneos, donde el cristianismo debe, absolutamente, hacer brillar, por extensión, su luz so pena de atrasarse en sus preceptos y de dejar formarse, fuera de él, la conciencia humana”.

      Pero hay un tercer ámbito teológico que merece la atención de Teilhard y para el cual pide a los teólogos una nueva formulación de los conceptos. Nos referimos al ámbito de la espiritualidad. Una nueva perspectiva de la teología de la Creación y una nueva perspectiva del ámbito del comportamiento social humano, se refiere ahora al modo de unirse con Dios.

         Leemos: “c) En Ascética, finalmente, la paz y el florecimiento de muchos en la Iglesia exigen visiblemente que encontremos, desde el renunciamiento cristiano, una fórmula verdaderamente comprensiva que, sin atenuar la doctrina de Cristo, integre en el esfuerzo cristiano todo el dinamismo incluido en las altas pasiones de nuestra raza. Preocupados por estas disputas especulativas, los teólogos olvidaron algo: conciliar, de una forma práctica, lo natural y lo sobrenatural en una orientación única y armoniosa de la actividad humana, un problema mil veces más peliagudo que todas las dificultades que ha podido acumularse sobre la esencia de la Gracia”.

       Y se muestra profético en estas formulaciones: “Para resolverlo tendremos que demostrar que el Renunciamiento, lejos de empobrecer la naturaleza y de repugnar en el Universo lo cristiano, es un preámbulo esencial para el Esfuerzo humano, – la verdadera Castidad y la verdadera contemplación son las formas magnificadas, prolongadas en su sentido elemental, de la actividad y del amor humanos. La opción cristiana debería, por tanto, presentarse como una elección, no precisamente entre el Cielo y la Tierra sino entre dos esfuerzos para culminar el Universo intra o extra Christum. Los resultados de semejante demostración serían inmensos.

 

Conclusión teilhardiana

          Teilhard es un optimista integral. Tiene esperanza en estas propuestas. Por eso, escribe: “Todo progreso doctrinal que, referido a cualquier punto, contribuirá a enlazar la imagen y el amor del Dios de la Fe con las aspiraciones y las creencias naturales enraizadas hoy en el corazón humano, representa, estoy convencido de ello, una mayor cosecha de almas para el reino de Dios”.

        Y apunta como conclusión: “Extender el reino de Dios sobre las nuevas gentes, es bueno. Aún es mejor, y más directo, hacerlo penetrar hasta el profundo nivel en el que se reúnen, hoy, los deseos de la Humanidad. Si conseguimos implantar en ese punto preciso el amor a Jesucristo, quedaríamos estupefactos al ver el torrente de gentes que refluirían espontáneamente hacia Jerusalén. El Mundo solo puede ser convertido y salvado por lo sobrenatural, pero un sobrenatural acorde con la tendencia religiosa natural propia de cada siglo”.

Hay una nota a pie de página del mismo Teilhard que merece ser transcrita: “Podría decirse que el ciclo completo de la vida interior (y apostólica) para el cristiano comprende tres fases:

1) participar en las esperanzas y penas de su tiempo (es decir, “incardinarse”)

2) integrar esta fuerza humana en la Vida sobrenatural para desarrollar un esfuerzo único hacia la espiritualización del ser

3) sublimar el esfuerzo humano haciendo que alcance (mediante la prolongación de sí mismo) las formas superiores de actividad que son la pureza, la contemplación, la muerte en Dios (nota del Padre Teilhard)”

      Al final del texto de Teilhard que comentamos, se dirige a sus compañeros de religión: “Al ser consciente de haber experimentado muy intensamente las aspiraciones (tanto como las compasiones) que habitan el alma de nuestro tiempo, considero un deber aportar, ante mis hermanos en apostolado, este testimonio (fruto de una experiencia personal, real y prolongada):

          “El único Evangelio que puede transportar a nuestra sociedad hacia Jesucristo (de hecho, el único que “siento”) es el que nos muestra a Dios como término de un Universo “mayor” y en el que el Hombre será más cuando siga “trabajando”.

         “Si queremos, como apóstoles, ganar para Jesucristo la cabeza y el corazón de la Humanidad, debemos – como buscadores de Verdad por nosotros mismos, – llevar a aquellos que buscan, el anuncio de una mayor obra como resultado de su esfuerzo común. Estrasburgo, Epifanía de 1919”.

     Como se ha indicado a lo largo de este artículo, el presente ensayo escrito por Pierre Teilhard de Chardin en 1919 y que se ha podido conservar gracias a su prima Margarita Teillard-Chambon está ausente de la edición española de Escritos del tiempo de guerra publicado en Taurus. Son varias las razones que pueden explicar esta ausencia. Una de ellas podía ser que no llegó a tiempo el texto traducido o que hubo un error de imprenta. Pero el hecho de que algunos textos de introducción presentes en la edición francesa han sido mutilados para ignorar este ensayo (así como el titulado “La Gran Mónada”) nos inclina a opinar que es una omisión intencional. Posiblemente a los editores les pareció que las ideas expresadas por Teilhard eran demasiado heterodoxas para esa época y no querían azuzar el fuego antiteilhardiano que, sin duda, ardía en España en esos años.

Leandro Sequeiros San Román. Doctor en Ciencias Geológicas y asesor de la Cátedra Ciencia, Tecnología y Religión.