El diseño de la Historia según Pierre Teilhard de Chardin

ASINJA 2015, 24, 25 Y 26 SEPTIEMBRE

 

60 años de la concepción teilhardiana de la historia

El diseño de la Historia según Pierre Teilhard de Chardin

(1881-1955)

LEANDRO SEQUEIROS[1]

            El 10 de abril de 1955 fue Domingo de Pascua. Ese día los cristianos celebramos la Resurrección del Señor Jesús. Y ese día, un 10 de abril, hace ya 60 años falleció repentinamente de un infarto Pierre Teilhard de Chardin (1881-1955). En algunas de sus cartas a su prima Margarita había escrito que deseaba morir un domingo de Pascua. Y su deseo –al menos ese– se cumplió.           

            Había nacido el 1 de mayo de 1891 en la Auvernia francesa, rodeado de antiguos volcanes, en el seno de una famila profundamente cristiana. Educado por los jesuitas, ingresa en la Compañía de Jesús en 1899, siendo ordenado de sacerdote en 1911. Un año más tarde inicia su formación científica en París, pero esta queda interrumpida por la primera Guerra Mundial. En 1915 Teilhard es movilizado y ejercerá de camillero en el frente de batalla hasta 1919. Continúa sus estudios como paleontólogo y en 1922 defiende su tesis doctoral. Destinado a la Misión de China, parte para oriente en 1923. Hasta 1931 está en Tientsin y es cuando pasa a Pekín donde reside hasta 1946 en que es repatriado tras la segunda Guerra Mundial. Los últimos años de su vida los pasa entre Francia y Estados Unidos con viajes científicos por Asia y África. El 10 de abril de 1955 fallece en Nueva York.

            La idea motriz de Teilhard de Chardin, que casi fue su obsesión, fue describir la experiencia interior de que vivimos en un universo en continua evolución, lo que lleva a una elevación espiritual, casi mística, que converge hacia un Centro unificador y superior. Y esto de forma NATURAL, por la propia naturaleza de la Materia que se va haciendo Espíritu. Más tarde, Teilhard lo identifica con el punto Omega.

            “Todo lo que asciende, converge”, había escrito en El fenómeno Humano. El camino natural y social que lleva hacia un progreso, es al mismo tiempo un proceso de convergencia, de unificación, de integración de la diversidad en un Todo.

            Se puede decir que en el pensamiento unificador de Teilhard se incluye la biología y la paleontología, la prehistoria y la paleoantropología, la filosofía de Bergson, las intuciones de Pablo de Tarso en sus cartas, el pensamiento místico y la poesía. Y toda esta llamarada humana y espiritual va emergiendo dentro de la mente y del corazón de Teilhard desde muy pronto. Y, como si fuera un árbol, su síntesis va creciendo y enriqueciéndose en sus ramas y hojas. Va haciéndose corpulento, dando frutos y sufriendo también el hacha de sus detractores.

            Existen en Pierre Teilhard de Chardin unas líneas de fondo de su pensamiento que son una constante a lo largo de toda su síntesis. Desde “La Vida cósmica” (el primer texto filosófico-místico que ha llegado hasta nosotros, escrito en las trincheras en 1916 cuando ejerce de camillero en la primera Guerra Mundial), hasta “El Corazón de la Materia” (1950), que considera su testamento espiritual y “Lo que yo creo” (escrito el Jueves Santo de 1955, tres días antes de fallecer) hay una línea en progresión creciente de expresión y profundidad.

            En los tres textos hay conceptos muy reiterados: el despertar cósmico, la comunión con la Tierra, la comunión con Dios a través de la Tierra, el Cristo cósmico, la Santa evolución (en “La Vida cósmica”, 1916); lo Cósmico o lo Evolutivo, la Plenitud, la llamada de la Materia, lo Universal, lo Humano o lo Convergente, lo Crístico o lo Céntrico, el Punto Omega (en “El Corazón de la Materia, 1950, 34 años más tarde)

Orden y Convergencia

            Hay un concepto teilhardiano de gran fuerza y que lo aplica a la explicación de nuestro mundo: el concepto de CONVERGENCIA. Todo tiende a converger en un Centro unificador, lo natural y lo social. Teilhard es un hombre con una visión muy positiva de la historia cósmica, geológica, biológica y humana. En lo que llamamos historia social, percibe una convergencia de todos los esfuerzos humanos hacia la construcción de un futuro “amorizado”, en paz.

            Todo converge hacia un Centro unificador de todo. Ciencia, teología paulina, espiritualidad, filosofía. A pesar de haber sufrido los horrores de la primera guerra mundial en el frente de batalla, a pesar de haber sufrido las consecuencias de la segunda guerra mundial en China, a pesar de haber vivido su formación como jesuita en el exilio, a pesar de las dificultades con la institución eclesiástica, todo esto no le dispersa. Hace CONVERGER. Fiel a la filosofía de la biología y de la historia de su época, impregnado de Hegel y de Bergson, Teilhard ve “orden”, cosmos a su alrededor. El orden supera al desorden y al caos. Diríamos que, hombre de su tiempo, participa de lo que se ha dado en llamar la modernidad del dogmatismo cosmológico. Frente a la situación actual del pensamiento epistemológico, en el que domina lo que puede llamarse la modernidad crítica que percibe un universo enigmático[2],  Teilhard mantiene una visión del universo perfectamente coherente y ordenada. Teilhard participa –es científico de época einsteiniana- de una perspectiva de modernidad dogmática, coherente, sin fisuras, sin incertidumbres. La ciencia tiene respuestas y por ello, lo que describe no es un universo enigmático sino un cosmos (orden) físico y religioso donde cabe Dios y además el Dios cristiano en Cristo. El argumento cosmológico, propio de la modernidad, articula racional y científicamente todo su pensamiento[3].

Síntesis teilhardiana de la historia cósmica y social

            El tema de las 42 Jornadas de ASINJA (2015) es el de “Convergencias y Divergencias en períodos críticos de la Humanidad”. En la conmemoración de los 60 años de la muerte de Teilhard, hombre de convergencia hacia el todo, caba preguntarse, ¿tiene hoy alguna vigencia en pensamiento historicista optimista de Teilhard? Por eso, estas páginas intentan resumir las grandes propuestas interpretativas de Pierre Teilhard de Chardin.

            La lectura pausada de los miles de páginas publicadas en los volúmenes editados póstumamente permiten esbozar algunos puntos que pueden ser relevantes para entender qué es lo que entiende Teilhard por filosofía de la historia.

            Sintetizemos en unos puntos la visión teilhardiana de la historia cósmica y social:

  1. La lectura de toda la obra de Teilhard, permite mantener la tesis de que en la base de todo su pensamiento pesa el Optimismo epistemológico, antropológico, religioso y social. A pesar de haber sufrido mucho en la primera guerra mundial (1915-1919) como camillero en el frente de batalla, los sinsabores en China, la segunda guerra mundial, la incomprensión de la Compañía y sus achaques de salud, siempre apunta hacia el optimismo existencial, cósmico y social. Cree profundamente en la bondad del ser humano.
  2. Una de sus palabras más repetidas es “lo Cósmico”. En su sentido etimológico, Kosmos es orden, regularidad, consistencia, permanencia. Vivimos en un universo ordenado, regular en sus leyes, consistente en su dinámica, permanente en el tiempo. Y estas propiedades pueden ser conocidas por los humanos, es posible la filosofía (griega) y la ciencia (desde la revolución científica
  3. Pero el “orden” de Teilhard no es un orden estático, tal como se desprende de la lectura de sus escritos. Existe en la materia un dinamismo, un cambio dentro de la permanencia der ser. Todo cambia desde hace miles de millones de años. En un universo en continua evolución. Y en el culmen de este proceso de cambio, la humanidad, constructora y responsable de su propio proceso, cambia y se trasforma.
  4. Para Teilhard “cambio” y “evolución” son palabras que vienen a ser casi sinónimo de cambio a mejor. Es el sentido de la palabra “evolución” (“evolution”) en el diccionario de Oxford, y que Charles Darwin no quiso utilizar hasta la sexta edición (1872) de El Origen de las Especies. Por debajo de este concepto está la filosofía del progreso desarrollada en la ilustración y la modernidad. Todo, en el fondo, va a mejor. Avanzar es mejorar. Y este es el senntido que suele darle Teilhard.
  5. En el pensamiento teilhardiano hay una insistencia de que lo múltiple, lo disperso, lo inorgánico, lo irracional se va transformando de modo natural en el Uno, lo centrado, lo orgánico, lo espiritual. Es la emergencia de la noosfera que apunta hacia el punto Omega. Desde “La Vida cósmica” hasta “Lo que yo creo” persiste esta intuición. No es una idea científicamente demostrada sino un convencimiento interior cuajado de significados.
  6. Teilhard, como jesuita ilustrado, cree ciegamente en la capacidad de la ciencia y de la técnica para protagonizar el avance, la evolución a mejor de la humanidad y por ello, de todo el universo. “En el hombre la evolución se ha hecho consciente”.
  7. En esta evolución se produce un cambio que va desde la cosmogénesis a la biogénesis. Y de aquí a la antropogénesis, la noogénesis y la cristogénesis. Todo cambio implica mejora, avance y emergencia de un nivel más perfecto. La materia converge hacia el espíritu. Hay una “potencia espiritual de la materia”.
  8. Hay en Teilhard un humanismo racional religioso teocéntrico (más bien cristocéntrico) (ver “La Vida cósmica”), donde llega a hablar de la “Santa Evolución”.
  9. El universo de Teilhard no tiene nada de enigmático. Es un sistema dinámico perfectamente engrasado por Dios. No hay incertidumbre. Todo son certezas lógicas y místicas.
  10. El universo y la historia como su expresión humana, es un edificio racional y coherente donde Dios tiene su lugar natural. Para él, el universal religioso culmina de forma evolutiva y natural en el cristianismo.
  11. Teilhard es un hombre profundamente religioso. Frente al silencio cósmico de Dios de nuestra cultura de la modernidad crítica, él ve a Dios en todas las cosas, Dios que se transparenta, se diafaniza a través de la materia compacta del universo. La diafanía de Dios es uno de sus principios. Escribe que “Bajo nuestros esfuerzos de espiritualización individual, a partir de toda materia, se va acumulando, lentamente, lo que convertirá al Mundo en la Jerusalén Celeste o Tierra Nueva. (TEILHARD DE CHARDIN. El Medio Divino, 1927.  p.49)
  12. Es más: para Teilhard el universal religioso culmina en el cristianismo. Por eso ve que todas las religiones confluirán en el cristianismo, en lo crístico. Esta “diafanía” transparenta el diseño misterioso de Dios de este universo dinámico y abierto y de esta historia humana que converge y arrastra consigo a todo el universo hacia ese centro misterioso, punto omega, el Cristo cósmico en donde al final será todo en todas las cosas.
  13. Para Teilhard, la síntesis evolutiva natural tiene un pulso, un ritmo de desarrollo dialéctico. La primera fase de ese ritmo es de divergencia (es decir, el surgimiento y expansión de una multiplicidad de elementos minerales y biológicos); la segunda fase de ese ritmo es de convergencia (la selección y unificación natural de los elementos); y la tercera fase es la llamada fase de emergencia (la síntesis de la dialéctica, el salto cualitativo, la aparición de lo totalmente nuevo cuando se llega a un punto crítico de desarrollo). Este ritmo, que se repite continuadamente, es observable a cualquier nivel del plano existencial: cósmico, biológico, psíquico, social, familiar o personal.
  14.  Todas estas intuiciones pueden encontrarse sintetizadas en su famoso “Credo”:

“Creo en un universo en evolución,
Creo que la evolución camina hacia el espíritu,
Creo que el espíritu desemboca en la persona.
Creo que la persona suprema es el Cristo Universal
(Como yo creo, 1934, p.105)

La convicción teilhardiana de que la convergencia tiene más poder que la divergencia

            Un mes antes de fallecer, en marzo de 1955, escribe en “Lo Crístico”: “En virtud de esta total interrelación de convergencia, un ego elemental no puede acercarse al Centro crístico sin hacer que se cierre un poco más sobre sí la esfera entera del Mundo: ni, recíprocamente, el Centro crístico puede comunicarse por poco que sea al menor de los elementos del Mundo sin hacer que se cierre más estrechamente sobre sí toda la capa de las cosas”.

            Según Cuènot[4], para Teilhard la palabra “convergencia” tiene dos sentidos:

            1) En un sentido más general, figura de conjunto de lo real evolutivo que tiene como base y punto de partida lo múltiple, indefinidamente diluído, por vértice y término el punto Omega, infinitamente concentrado.

            2) Puede ser considerada como el segundo estadio de lo que podría llamarse la dialéctica teilhardiana de la naturaleza: en cada nivel del ser, y especialmente en el del Homo sapiens, la nueva multiplicidad engendrada por la divergencia (primer estadio) tiende a ser integrada por fenómenos convergentes de ordenación, de unión y de síntesis, que provocan la aparición de emergencias (tercer estadio)

            Destacamos estos escritos: Cristianismo y evolución. Sugerencias para una nueva Teología, (escrito el 11 noviembre de 1945) [editado en el tomo X: Como yo creo], Interpretación biológica plausible de la Historia Humana: la formación de la Noosfera  (de enero de 1947) [editado en el tomo V, El porvenir del Hombre] y también uno de sus trabajos de síntesis más maduros; El Grupo Zoológico Humano [editado como tomo VIII de sus obras y escrito en 1948]

Un pensamiento lineal, hacia adelante y hacia arriba, sin vuelta atrás

            El pensamiento filosófico, religioso, místico y científico de Teilhard de Chardin fue fruto de un “largo camino”, de una lenta y a veces dura marcha por terrenos inexplorados, no sólo desde el punto de vista geológico.

         El pensamiento de Teilhard parte de la convicción científica de que vivimos en un universo que cambia de forma irreversible. Habla más de transformismo que de evolución. Ahora bien: ¿Cómo se fueron contruyendo las ideas teilhardianas?

           En un trabajo clásico, E. Rideau (El pensamiento de T. de Chardin, editado en París en 1964) ha seguido la evolución del pensamiento teilhardiano.

         Esta visión se puede completar con un documento muy interesante: en la edición francesa de El Corazón de la Materia se incluye al final una “Cronología general de las obras de Teilhard” (que no ha sido publicada en la edición española). Se trata de una relación de los artículos dispersos en sus XII tomos de ensayos filosóficos y teológicos, dispuestos por orden cronológico.

El primero (La prehistoria y sus progresos) es de 1913 (cuando tiene solo 32 años) y se publicó en Études y en “La aparición del Hombre”; y el último (Ce que je crois, Lo que yo creo) del 7 de abril de 1955, Jueves Santo, unos días antes de su muerte y está en “El Corazón de la Materia”.

            De acuerdo con Rideau y recogiendo los datos de la relación citada, se pueden diferenciar seis etapas en la emergencia, el crecimiento, la formulación y la consolidación de las ideas de Teilhard sobre la historia en un sentido muy amplio en el que se integra la convergencia y la divergencia:

              1)  La primera etapa de la génesis de su pensamiento discurre –según Rideau-  entre 1908 y 1912 (cuando Teilhard tiene entre 27 y 31 años de edad). Es la época de sus años de estudios de Teología en Hasting. Ya ha dedicado una parte de su tiempo a la observación de la naturaleza, al estudio de la Física  y a los primeros descubrimientos paleontológicos. La lectura de Henry Bergson es fundamental. En estos años, como él mismo reconoce, emerge en él – como ya hemos citado- “la conciencia de una deriva profunda, ontológica, total del universo, no como  una noción abstracta sino como una presencia” en torno suyo (El corazón de la Materia). Es el descubrimiento de que el mundo en el que vivimos está “en estado de evolución dirigida, es decir, de génesis” (El corazón de la Materia). Hay una intuición mística no científica que es el inicio de su búsqueda de una explicación coherente de los fenómenos de la naturaleza.

               2) La segunda etapa de su búsqueda de un pensamiento original sobre el universo se extiende entre 1915 y 1918 (en estos años Teilhard tiene entre 34 y 37 años). Es la etapa de la Guerra Europea, cuando Teilhard trabaja como camillero- sanitario en los frentes franceses. La atmósfera de las trincheras significa para Teilhard un “bautismo de lo Real” (citado por Claude Aragonnés (su prima, Margarita Teillard- Chambon). Este pensamiento está en su Diario (Journal); también en su ensayo La Guerra 1914-1919 (incluida en Génesis de un pensamiento. Cartas, 1914-1919 [(1961) Taurus, 1963, p. 36].

            Teilhard concibe entonces la humanidad como “la envoltura pensante de la Tierra” (El corazón de la Materia, 2002, 29-30). A la vez, su visión  interior de Cristo se engrandece a la medida del mundo en movimiento. En El Cristo en la Materia (escrito en el frente de Verdún en 1916, Escritos del tiempo de la guerra, 119-141)  Teilhard describe, poéticamente, “cómo el universo potente y múltiple ha tomado para él la forma de Cristo”. El movimiento de Cristo por la Encarnación y el movimiento del mundo por la evolución comienzan ya a aproximarse mutuamente. Entre ambos, se insinúa el puesto mediador del hombre, lo humano. Están ya presentes los tres elementos de la cosmovisión teilhardiana: el sentido cósmico, el sentido crístico y el sentido humano que inician su convergencia.

            3)  La tercera etapa de la génesis de su pensamiento se extiende entre 1922 y 1927 (Teilhard tiene entre 41 y 46 años). Son los primeros años en China. En su mente se construye el sentido crístico y el sentido cósmico. Asia le revela la inmensidad de la Tierra y de lo humano. Es una época de gran actividad científica, acompañada de una intensa vida interior. Teilhard se interesa por el lugar que el trabajo y la adoración, la entrega y el distanciamiento, ocupan en la vida cristiana. Aquí están dos de sus textos más clásicos: La Misa sobre el Mundo (1923) y El Medio Divino (1926-1927) que describen su itinerario interior.

            Una de sus preocupaciones es el futuro, el porvenir. Escribe: “Peregrino del porvenir, vuelvo de un viaje cumplido totalmente en el pasado” (Por el Río Amarillo, 1923). El pasado solo interesa en función del futuro. Desde este momento, el sentido humano, hasta ahora más bien en segundo término, no cesará de crecer. Y son frecuentes los trabajos sobre el transformismo. Un transformismo que hace que la realidad se lance hacia el futuro, que crezca, se haga más compleja y converja hacia “algo” aún impreciso.

            4)  La cuarta etapa de la génesis de su pensamiento se prolonga en China, entre 1928 y 1934.  Es la época de las grandes expediciones científicas por el centro de Asia, y la expedición Chapman Andrews y más tarde del Crucero Amarillo. El contacto con la comunidad científica internacional es intenso. Debe convivir con hombres de tradiciones religiosas muy diferentes entre los que son frecuentes los ateos. En estos años, Teilhard cobra clara conciencia de la importancia del ser humano dentro del fenómeno evolutivo y su carácter convergente hacia la construcción de la noosfera.

       Son también los años de investigaciones en Chukutien, donde estudia lo que llamaron Sinanthropus, los homínidos emparentados con el Pithecátropo faber  de Java. Poco después describe la  llamada ley de complejidad-conciencia. Propuesta como una ley científica con fundamentos en la paleontología y con razonamientos filosóficos. En 1934 publica una primera versión de Cómo yo creo: a petición de Mgr Bruno de Solages (editada en el tomo X de sus obras: Como yo creo, 1970, p. 105-145)

            5)  La quinta etapa se inicia en 1935 y llega hasta 1945. Teilhard está en Pekín en el proyecto de Geobiología. El pensamiento de Teilhard, centrado definitivamente en el porvenir, se preocupa de los fenómenos de convergencia de la historia hacia la  socialización y de la colectivización. La obra maestra de Teilhard, El fenómeno humano,  se concluye en 1940 y los contrasta en el capítulo final, titulado El fenómeno cristiano, con su anterior visión pancrística. Por otra parte, el lanzamiento de la revista Geobiología implica la construcción de un gran paradigma científico globalizador de los procesos geobiológicos. Destacamos aquí, por su significado, el texto Esquema de un Universo personal (escrito en 1936) [editado en el tomo VI: La Energía humana] y El lugar del hombre en el Universo (escrito en 1941) [editado en el tomo III, La Visión del pasado].

         6)  El último decenio de la vida de Teilhard, entre 1945 y 1955, abarca el último trecho de su vida, entre los 64 y los 74 años. Estos últimos diez años de su vida son todavía poco conocidos por los historiadores y merecen un estudio detallado. Son  los años de la repatriación a Francia y la estancia americana hasta su muerte. Está dominado por la visión de un ultra-humano colectivo como término de la historia temporal, hacia la que converge, coherentemente, la visión cristiana de la historia como preparación de la parusía de Cristo y espacio de la incorporación de la humanidad redimida en el Cuerpo Místico.       

        Son los años de la preocupación por la Antropogénesis

       Son también los años de confrontación con el ateísmo, existencialista o marxista, y de superación tanto del pesimismo de los unos como del optimismo intramundano de los otros, con su concepción del cristianismo como la religión del porvenir, la única capaz de realizar la coincidencia del “Dios hacia-adelante” con el “Dios del hacia-arriba”. “Todo lo que avanza, converge”, escribe.

            Destacamos estos escritos: Cristianismo y evolución. Sugerencias para una nueva Teología, (escrito el 11 noviembre de 1945) [editado en el tomo X: Como yo creo], Interpretación biológica plausible de la Historia Humana: la formación de la Noosfera  (de enero de 1947) [editado en el tomo V, El porvenir del Hombre] y también uno de sus trabajos de síntesis más maduros; El Grupo Zoológico Humano [editado como tomo VIII de sus obras y escrito en 1948]

El mundo, 60 años después de Teilhard

        60 años después de Teilhard, ¿hacia dónde va nuestro mundo? ¿Hay convergencia o divergencia? ¿Tenemos una percepción positiva o negativa? ¿Va nuesto mundo hacia la armonía, en entendimiento, la paz, o más bien Hacia la disgregación, el enfrentamiento, la crisis permanente, la confrontación? ¿Optimistas o pesimistas?. Sirva esta presentación como un marco general al concepto teilhardiano de convergencia y divergencia cósmica, biológica, antropológica y sociológica dentro del cual se insertan las diversas perspectivas de estas jornadas. Por eso abordaremos de forma interdisciplinar diversos aspectos del horizonte de nuestro mundo 60 años después de Teilhard.  Tenemos CINCO ponencias y una conclusiva final.


NOTAS

[1] Socio de ASINJA desde su fundación, ha sido Vicepresidente de ASINJA hasta 2004. Vicepresidente de la Asociación de Amigos de Teilhard de Chardin (sección española), Catedrático de Paleontología, Academia de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales de Zaragoza. Pintor El Greco 8, 5º 4. 14004
Córdoba.lsequeiros@probesi.org http://metanexus.bubok.es

[2] Javier Monserrat. El Gran Enigma. Editorial San Pablo, Madrid, 2015.,

[3] http://www.tendencias21.net/Hay-signos-naturales-de-la-existencia-de-Dios_a41123.html

[4] Claude Cuénot. Nuevo Léxico de Teilhard de Chardin. Editorial Taurus, Madrid, 1973.